A veces, tiene que ocurrir algo trágico para darnos cuenta de lo frágil que es la vida y de lo mucho que damos por sentado.
Vivimos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, dejando para mañana un abrazo, una llamada o un "te quiero". Como si las personas que amamos fueran a estar siempre ahi.
Pero la vida no siempre nos avisa antes de cambiarlo todo. No sabemos cuál será la última vez que abracemos a nuestros padres, que nos riamos con nuestros hermanos o que compartamos un día cualquiera con nuestros amigos.
Y quizá lo más duro sea que esos momentos que algún día daríamos cualquier cosa por recuperar son, muchas veces, aquellos a los que hoy apenas prestamos atención: una conversación, una comida en familia, empezar algo que sentimos que queremos hacer, escribir un mensaje o un abrazo antes de irnos.
Por eso, amad a vuestra gente todo lo fuerte que podáis.
Llamadles, visitadles, abrazadles un poquito más. Dejad a un lado el orgullo y no guardéis las palabras bonitas para una ocasión especial. No hace falta que ocurra algo terrible para recordar lo importantes que son.
No esperemos a perder a alguien para comprender su valor, ni a mirar atrás para darnos cuenta de lo bonitas que eran aquellas cosas que un día nos parecieron normales.
Porque tener a nuestra gente bien, cerca, poder abrazarla y decirle "te quiero" es uno de los mayores regalos de la vida.
No dejéis el amor para mañana. Nunca sabemos si ese mañana que damos por hecho llegará de verdad. 🙏🏼❤️🩹