Cuando vivía en China en 2004, me di cuenta de algo muy claro: el tequila apenas era conocido, y una bebida como el Sotol —originaria del norte de México— era prácticamente un misterio absoluto.
Nadie sabía qué era, nadie la pedía, y mucho menos se encontraba en bares, tiendas o restaurantes.
En ese entonces, el consumo de alcohol per cápita en China rondaba apenas los cinco litros por persona al año, y casi todo era baijiu, cerveza y algo de vino.
Las exportaciones de tequila eran mínimas, apenas algunos cientos de miles de litros al año, y de Sotol, literalmente nada.
Pero donde otros veían una muralla imposible, yo vi una puerta abierta.
Diseñamos una estrategia ambiciosa y muy clara: introducir el Sotol no como un destilado común, sino como una joya escondida, un tesoro del desierto. Creamos la campaña “Like Tequila, Love Sotol”, aprovechando que el tequila comenzaba a asomar en algunos círculos. El tequila era el gancho, pero el Sotol sería el descubrimiento. Y funcionó.
En el año 2006 logramos exportar los primeros 60 contenedores de Sotol a China.
El costo por botella, ya puesta en suelo chino, era de 16 dólares. Pero aquí vino la jugada maestra: en lugar de venderlo de inmediato, compramos la Real Hacienda de Chihuahua, una propiedad histórica con siglos de tradición, y allí barricamos todo el Sotol.
Durante años lo dejamos añejar, madurar, transformarse. Cada botella fue guardada en barricas seleccionadas y luego presentada en cajas de madera con acabados de oro, auténticas piezas de colección.
Pasaron diecisiete años. En 2023, por fin liberamos esas barricas. La reacción fue brutal: cada botella se vendió entre 280 y 480 dólares, dependiendo del añejamiento y las premium en ¡25,320 RMB unos 3.700 dólares por botella!
Sí me costó la botella en 16 y la vendí en 3,700.
Los 60 contenedores se vendieron en nueve meses. ¿La ganancia? Inmensa.
Solo el costo base fue de unos 16 millones de dólares.
La venta, superó los 350 millones de dólares. Un producto que en 2004 nadie conocía, se convirtió en símbolo de lujo, de escasez y de deseo.
Hoy, la historia está repitiéndose ante nuestros ojos, solo que ahora el protagonista es otro: el aceite de aguacate.
En China, muy pocos saben lo que es. El conocimiento es nulo, pero está surgiendo. Y no solo eso: las tasas de crecimiento de consumo son altísimas. El mercado chino está hambriento de salud, bienestar y productos naturales. Justo lo que representa el aceite de aguacate.
Piénsalo bien: producirlo y exportarlo desde México a China cuesta entre 19 y 26 dólares por litro. Pero con una estrategia enfocada en salud, exclusividad y calidad, puede venderse allá fácilmente en 50 dólares o más por litro.
Eso representa una ganancia de entre 24 y 31 dólares por litro. Y eso es solo el comienzo. Multiplica por contenedores, por años, por marca… el potencial es enorme.
El Sotol nos enseñó algo: el que llega primero, gana más. El que ve lo que otros aún no ven, lo conquista.
Hoy el aceite de aguacate es el nuevo oro verde, el próximo lujo saludable que millones de personas pronto buscarán. Pero cuando eso pase, los que ya estén dentro serán los que cosechen los frutos.
No vendas aceite.
Vende salud.
Vende historia.
Vende el futuro.
Porque si con el Sotol convertimos 16 dólares en 350 y 3,700… imagina lo que podemos hacer con el oro verde.
Deja de pelear en México y piensa en ser
@eramicroglobal .