"El hijo que no lava ni su plato termina viviendo como si todo el mundo le debiera algo. No se trata del plato, se trata de la actitud, de esa mentalidad cómoda que dice: ya lo hará alguien por mí. Ese hijo que deja todo tirado, que espera que mamá le sirva, le lave, le recoja, está aprendiendo a depender, no a crecer. Porque quien no ayuda en casa, mañana será el adulto que culpe al gobierno, a la suerte o a los demás por lo que no consigue. Será el que dice "la vida es injusta" sin recordar que nunca hizo nada por mejorarla. El carácter no se forma con discursos, se forma en los pequeños actos cotidianos: lavando un plato, haciendo la cama, sacando la basura... Ahí nace el respeto, la gratitud y la responsabilidad. El que no aprende a servir, tampoco sabrá tirar adelante una familia, ni agradecer lo que tiene. Criar hijos responsables cansa, pero criar hijos cómodos destruye, principalmente a ellos. Si estás criando, enseña a colaborar, y si tú eres ese hijo, entiende que tus padres no son tus esclavos, ni tu casa es un hotel. Formas parte del hogar y eso te obliga a aportar."