Preparando la derrota
Hasta que votemos el 29 de noviembre, vamos a presenciar continuamente trampantojos para hacernos creer que Sánchez puede ganar las elecciones. Pero, en realidad, Sánchez está preparando su derrota electoral. Él lo sabe. Ellos lo saben: van a perder las elecciones. Por eso ha callado al Comité Federal.
El beso de Sánchez con su mujer oculta todas las maniobras oscuras para convertir un partido centenario en una organización vacía que sólo conserva el nombre. El presidente, con el espectáculo impúdico y cursi del beso, oculta unas listas de diputados al Congreso, sabiéndose derrotado, para tener una guardia pretoriana dispuesta, todavía más, a todo por quien les bendijo con el dedo. Hasta tal punto se sabe derrotado (a pesar de besos y optimismo fingido) que el pacto con la izquierda disminuida del F.A. solo tiene un objetivo: que la mayoría absoluta del PP no sea aún mayor en la próxima legislatura.
En definitiva, prepara el "silencio de los cementerios" en el PSOE. Todo seguirá su curso hasta que los que están en contra de Sánchez no estén dispuestos a ir más lejos que él... ¡No se callen! ¡Hablen! Sánchez aprovecha su lealtad a un dulce recuerdo convertido por él en un cursi, hortera y peligroso instrumento contra el equilibrio de poderes.
No nos jugamos las fantasías que genera la nostalgia ni un puesto en las listas. Nos jugamos volver a la España fratricida, del odio y el rencor o la España que algunos consiguieron y otros heredamos. A Sánchez no le importa nada la militancia, ni las siglas, ni la historia de los que se sacrificaron por unos ideales. Solo se ve él cuando se mira al espejo.