Un 3 de octubre 1941, Adolf Hitler declaró en una transmisión al pueblo alemán que la URSS “ya está destrozada y nunca más se levantará”, tras sus avances fulgurantes en la Batalla de Moscú y su cerco a 42 kilómetros de la capital.
Pero Hitler pecó de soberbio y se llevaría una lección del pueblo soviético apenas unos meses más tarde, cuando apenas se encontraba a 42 kilómetros de Moscú, al menos 17 batallones del Ejército Rojo surgieron desde las nieves, deteniendo a las hordas nazis a las puertas de Moscú y no permitiendo que la capital soviética cayera, derrotando al "ejército invencible" alemán.
Hitler había lanzado la Operación Barbarroja e invadió la Unión Soviética en 1941, la Wehrmacht y las Waffen SS avanzaron a un ritmo vertiginoso en los primeros meses de guerra, lo que condujo a los horrores de la ocupación nazi en multitud de poblaciones soviéticas.
Los escuadrones de la muerte de las Waffen SS y los Einsatzgruppen iniciaron la limpieza étnica del pueblo de la Unión Soviética, un plan de genocidio que Hitler dejó previamente planificado antes de la invasión, en la cual primero harían una limpieza total de la población, eliminando su cultura y luego serían colonizadas por alemanes.
En un sacrificio monumental, la Unión Soviética acabaría venciendo a Hitler, perdiendo a más de 27 millones de personas liberando a Europa, avanzando hasta Berlín y poniendo fin al régimen imperialista criminal de Hitler.
Solo un dato que muestra quien venció de verdad a los nazis: 3 de cada 4 soldados nazis muertos en la Segunda Guerra Mundial, murieron a manos del Ejército Rojo.