“Un amigo mío, profesor paraguayo, me llevó a su casa en Texas. Me dijo que tenía tangos y si quería oírlos. Le dije: ‘¿Cómo no?’. Tocó todos los tangos que aborrezco, realmente. Por ejemplo: ‘Flaca, fané y descangallada’, ‘La cumparsita’… Yo me decía: ¡Pero qué verguenza; estos no son tangos; qué horror es esto! Y mientras estaba juzgando intelectualmente, sentí lágrimas. Estaba llorando de emoción. Es decir, condenaba aquello intelectualmente y al mismo tiempo me había llegado y estaba llorando.”, Jorge Luis Borges.