Llevo unos días utilizando el agente de IA Instintc. Esa sensación de librarse de la burocracia diaria desde el WhatsApp es una droga muy fina.
Lo que engancha es que te quita de encima esas microficciones mentales de cosas como fichar, anotar un gasto en tus cuentas o acordarte de reservar clase para dos días más tarde.
La fórmula funciona porque te quita la pereza digital. Abrir un Excel o una app requiere, algo de fuerza de voluntad. Aquí no. Te basta con mandar un audio o un mensaje rápido mientras caminas por la calle o contestar a un mensaje de trabajo.
El único problema con esas drogas tan finas es el síndrome de abstinencia el día que la herramienta falle, te pida suscripción o se dé cuenta de que sabe de tu vida personal demasiado por mucho que la empresa promete que tus datos no se utilizan para entrenar modelos.