A un lado un chef que se ha jugado la vida alimentando a víctimas de huracanes, guerras y catástrofes, de Puerto Rico a Ucrania, y lleva años poniendo España en el mapa. En el otro, el ministro de los muertos de Adamuz, dedicado a insultarlo en X llamándolo «cuñado». Hay que tener un tipo de catadura moral muy concreta para protagonizar esta escena.