Entrevista. Invito a ver con atención esta distinguida entrevista de la periodista
@GoiAzua con el economista
@miguelsantos12.
Una exposición académicamente bien fundamentada, en la que estamos de acuerdo 100% en el diagnóstico: no sólo en lo sucedido durante la era Chávez, sino en toda nuestra historia económica política y petrolera, donde Venezuela agotó un modelo rentista, embriagado de petróleo, reparto y economía cerrada.
La conclusión de Miguel sobre la imposibilidad de crecer por “mirar sólo hacia adentro” y no generar una producción abierta, escalada y global, explica con elocuencia lo que significó el uso político del petróleo: no sólo para generar un ciudadano clientelar, sino también un empresariado que crecía entre notas de importación, aranceles tutelados, sustitución de importaciones, proteccionismo industrial y graves distorsiones + privilegios cambiarios.
También coincidimos en las elevadas posibilidades de recuperar el país y rescatar a la diáspora como factor de crecimiento, “si tomamos nuestra diáspora como buena”. El milagro venezolano no es una quimera.
Donde vuelvo a discrepar es en la idea de que Venezuela debió ir primero a elecciones y luego a una recuperación económica. Esto políticamente es insostenible. Este asunto no puede analizarse solamente desde una retina económica o normativa. Venezuela sufrió una verdadera captura criminal del Estado, un vaciamiento institucional y una descomposición de los mecanismos coercitivos y de autoridad, que de no neutralizarse haría imposible posible una democracia funcional.
La historia demuestra que en determinados contextos de violencia, desmantelamiento del estado o captura institucional, la democracia no se restaura simplemente colocando una papeleta en una urna. Panamá en 1989, es un ejemplo de cómo una intervención de fuerza, seguida de reconstrucción institucional y elecciones, permitió desmontar un régimen que había perdido los controles republicanos. Algunos dirán que hubo elecciones con relativa rapidez. Pero la ocupación fue diferente, el país es geográficamente más controlable y las fuerzas de Noriega eran menos resistentes. Cada transición a fin de cuenta, es diferente.
En otros escenarios—Bosnia, Kosovo o incluso ciertos procesos de estabilización del Medio Oriente—la diplomacia estuvo respaldada por una capacidad efectiva de coerción y seguridad antes que pudieran consolidarse arreglos políticos sostenibles.
Como recuerda Hans Morgenthau, la política internacional no puede ignorar la realidad del poder; y Samuel P. Huntington advirtió que la democracia requiere previamente instituciones capaces de sostener el orden político. Las tenemos? Esto se resuelve votando ya? Y aún no hablo de otro tema complicado: nuestra cultura anti republicana y sinodal. Un asunto de mentalidad que si no lo modificamos no saldremos airosos.
Decir que a los venezolanos nos corresponde lograr cambio antes que nos colonicen, suena muy bien como principio. Pero la realidad es que ni nos colonizan ni contamos con las herramientas económicas, institucionales-de fuerza y autoridad suficientes-para producir por nosotros mismos esa restauración. Votar sin tutela [que lo es, no es un colonia] es un salto a la nada.
Confiar en EEUU, una república que ha sido históricamente una de las grandes fuerzas promotora—aunque no exenta de contradicciones—del constitucionalismo y de la democracia liberal, no debería ser una apuesta reprochable ni vergonzante.
La cuestión por tanto, no es sustituir la soberanía venezolana, sino recuperar las condiciones que permitan ejercerla. Elecciones, seguridad, reconstrucción institucional y apertura económica no son caminos excluyentes: son piezas de una misma restauración.
En todo caso gracias, Miguel Ángel por el alto nivel del debate y aportar, como economista, académico y ciudadano, todo aquello que tienes legítimo derecho a ofrecer sobre el futuro de Venezuela. Gracias
@GoiAzua por tu excelente periodismo.
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