La Sala Segunda del Tribunal Supremo, la de la puerta de atrás, corregida una vez más. Hoy, a propósito de la amnistía.
Cualquier otro servidor público, después de semejante sucesión de rectificaciones, ya habría presentado su dimisión. Si no por incompetencia, al menos por dignidad.
Pero abunda la soberbia y escasea el sentido del honor.