🇻🇪 Preguntar es la esencia del periodismo. Quienes pretenden que los periodistas dejemos de hacer preguntas sobre Venezuela demuestran tener una concepción bastante limitada de la libertad de prensa y, por extensión, de la democracia.
Preguntar hoy en la Casa Blanca o en el Departamento de Estado por Venezuela es tan legítimo y necesario como hacerlo por Ucrania, Irán o Francia. Y conviene recordar algo: no hemos sido los periodistas quienes hemos colocado a Venezuela en el centro de la política estadounidense. Fue Donald Trump quien, ya en el verano de 2017, amenazó con recurrir a la fuerza militar contra Maduro. Nueve años después, cumplió aquella amenaza. Desde entonces, con mayor o menor intensidad, Venezuela ha figurado entre sus prioridades. En su primer discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en septiembre de 2017, dedicó buena parte de su intervención a denunciar la dictadura venezolana.
Preguntamos por todo: por Delcy Rodríguez, por María Corina Machado, por el petróleo, por los presos políticos, por las elecciones y por el futuro de Venezuela. Y tampoco fuimos nosotros quienes introdujimos a Machado en la política de Washington. Fue recibida en el Despacho Oval por George W. Bush en 2005. El propio Marco Rubio respaldó su candidatura al Premio Nobel de la Paz. Y tampoco hemos obligado a Trump a recibirla en la Casa Blanca. Lo ha hecho dos veces porque ha querido, como ha querido pronunciarse públicamente sobre ella en numerosas ocasiones.
Pretender ahora que los periodistas dejemos de preguntar por Machado, por Delcy o por cualquier otro protagonista de esta crisis porque las respuestas puedan resultar incómodas es confundir el periodismo con otra cosa. Nuestro deber no es proteger a los políticos de las preguntas, ni formular únicamente aquellas que convienen a una determinada causa. Es preguntar, contrastar y contar lo que sucede, guste o no guste. Para eso estamos.