La primera misión de la Iglesia Católica es salvar las almas predicando la fe católica, administrando los sacramentos, incorporándolas a la única Iglesia verdadera, fuera de la cual no hay salvación y así llevarlas al cielo y a Dios para toda la eternidad.
En contraste, la primera misión que propone León XIV es ayudar a prestar atención a las preguntas sobre nuestro origen, el destino, el amor y el dolor. Un verdadero escándalo de definición.
Una nombra a Dios, el cielo, la fe, los sacramentos, la salvación, la conversión, la única Iglesia verdadera, la verdad revelada, la gracia, el pecado, la redención y el “extra Ecclesiam nulla salus”.
La otra omite todas esas palabras y se queda en una reflexión existencialista y naturalista.
Está claro que estamos en presencia de dos religiones diferentes.
La primera misión de la Iglesia es la de ayudar a las personas a prestar atención a las preguntas profundas de la vida: aquellas sobre nuestro origen y nuestro destino, así como aquellas sobre el sentido del amor y del dolor. La lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información corren el riesgo de ejercer una presión indebida para que las personas se adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes materiales, pero nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto.
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