Mi modesto y útlimo comentario constructivo:
Simón Bolívar y Ernesto Che Guevara constituyen dos de los ejemplos más claros de internacionalismo y solidaridad entre los pueblos. Ambos, a pesar de sus orígenes sociales y nacionales, decidieron entregar su vida a la lucha por la libertad de otros, demostrando que el privilegio de nacimiento no tiene por qué convertirse en límite moral ni político.
Bolívar nació en 1783 en el seno de una de las familias más poderosas de la Caracas colonial. Criollo aristócrata, educado en Europa y poseedor de tierras y prestigio, pudo haber vivido una existencia cómoda dentro del orden establecido. Sin embargo, eligió la guerra de independencia. No se limitó a liberar a Venezuela. Su visión abarcó Nueva Granada, Quito, Perú y el Alto Perú. Concibió la Gran Colombia y convocó el Congreso de Panamá porque entendía una verdad elemental: la independencia de un pueblo solo es segura cuando los pueblos vecinos también son libres. Su internacionalismo fue continental, republicano y estratégico. Sabía que el aislamiento equivalía a la derrota.
Décadas después, Ernesto Guevara, nacido en Rosario, Argentina, en una familia de clase media con acceso a educación y cultura, recorrió un camino distinto pero paralelo. Después de participar en la Revolución Cubana, no se quedó a disfrutar del poder ni de la seguridad que este le ofrecía. Abandonó voluntariamente Cuba para combatir en el Congo y luego en Bolivia. Para él, las fronteras nacionales no podían ser un obstáculo cuando se trataba de enfrentar al imperialismo y a la explotación. Su internacionalismo fue activo, radical y coherente: el deber del revolucionario era hacer la revolución allá donde fuera necesaria.
Lo que une a estas dos figuras no es solo su coraje personal. Es la decisión consciente de subordinar el interés propio y el origen de clase a una causa mayor. Ninguno de los dos se refugió en la comodidad de “lo mío primero”. Ambos comprendieron que la verdadera fuerza nace de la ampliación de la solidaridad.
Y aquí aparece una lección profunda y actual: sembrar el egoísmo equivale a refrendar la derrota en sí mismo. El egoísmo produce aislamiento, y el aislamiento debilita. Cuando un individuo, un movimiento o un pueblo se encierra en la lógica del interés estrecho, está renunciando de antemano a la fuerza que solo surge de la reciprocidad y de la unidad. Bolívar lo vio cuando las rivalidades internas destruyeron su proyecto de unión. Guevara lo formuló con claridad al insistir en que la revolución no puede sobrevivir si se cierra sobre sí misma.
No se trata de idealizar a estos hombres. Ambos cometieron errores políticos y humanos. Pero su ejemplo sigue interpelándonos: es posible mirar más allá del propio ombligo. Es posible convertir el privilegio en responsabilidad. Es posible entender que la libertad de los otros no es ajena a la propia.
Por eso, cuando hoy hablamos de solidaridad internacional, no estamos hablando de un sentimiento abstracto. Estamos hablando de una estrategia de supervivencia colectiva. Porque quien siembra egoísmo, siembra derrota. Y quien cultiva la solidaridad, siembra la posibilidad de un destino común.
“Quien olvida la historia jamás comprenderá el presente y el futuro "
Primero los seres humanos
Segundo los seres humanos
Tercero los seres humanos.
“Seguiremos luchando hasta la dignidad se haga costumbre "