¿QUIÉN ES ORBAN?
La Hungría de Viktor Orbán es el país más corrupto de Europa. Y uno de los más pobres. De sus 9,5 millones de habitantes, 800.000 pensionistas viven por debajo del umbral de la indigencia.
Pero si eres amigo de la infancia del primer ministro, como Lőrinc Mészáros, puedes pasar de obrero a convertirte en el hombre más rico del país gracias a una avalancha de contratos públicos pagados con dinero de Bruselas. La misma suerte corrió István Tiborcz, yerno del primer ministro, que recibía fondos europeos y ganaba todos los concursos de iluminación pública, con licitaciones diseñadas a medida. La oficina antifraude de la UE pidió en vano la devolución de 43 millones de euros.
Orbán se presenta como un hombre del pueblo, mientras que a 30 km de Budapest posee una villa de 70 millones de euros a nombre de su padre. El primer ministro ha enriquecido a familiares y oligarcas: un grupo de fieles que desde 2010 ha acumulado un patrimonio de 28.000 millones de euros, según documenta una investigación del Financial Times.
Un Estado-mafia, como lo han definido los politólogos, en el que el poder político y económico lo acapara todo. Instituciones vaciadas, jueces controlados por el gobierno, periodistas silenciados. Un sistema feudal que mantiene a la población bajo control y llega incluso hasta el colegio electoral.
En las zonas rurales, las más pobres y más fieles a Orbán, un voto al partido del primer ministro se recompensa con 5 kg de patatas, un paquete de alimentos o una dosis para los drogodependientes. Autobuses recogen a los votantes en sus casas. Se fotografían las papeletas para obtener la recompensa.
Así lo ha contado en las últimas semanas el documental “El precio del voto”, realizado por los periodistas de investigación de DE! Akcióközösség. La maquinaria de propaganda puede comprar hasta 500.000 votos.
Un régimen autocrático e iliberal que se ha fortalecido con el dinero de la Unión Europea: solo con la política de cohesión, Hungría ha recibido 50.000 millones de euros en 20 años. El sistema Orbán ha crecido así, sobre los hombros de Europa y de los ciudadanos húngaros.
L’Ungheria di Orbán è il Paese più corrotto d’Europa. E uno dei più poveri. Su 9,5 milioni di abitanti, 800mila pensionati vivono sotto la soglia dell’indigenza. Ma se sei amico d’infanzia del primo ministro, come Lorinc Meszaros, da operaio puoi diventare l’uomo più ricco del Paese grazie a una valanga di appalti pubblici pagati con i soldi di Bruxelles. La stessa sorte è capitata a Istvan Tiborcz, genero del premier, che prendeva i finanziamenti europei e vinceva tutte le gare per l’illuminazione pubblica, con bandi confezionati su misura. L’ufficio anti-frode dell’UE ha chiesto invano la restituzione di 43 milioni di euro. Orbán si mostra come un uomo del popolo mentre a 30 km da Budapest possiede una villa da 70 milioni di euro intestata al padre. Il primo ministro ha fatto arricchire familiari e oligarchi. Un gruppo di fedelissimi che dal 2010 ha ottenuto un patrimonio di 28 miliardi di euro, come documentato da un’inchiesta del Financial Times. Uno Stato-mafia, come l’hanno definito i politologi, in cui il potere politico ed economico si prende tutto. Istituzioni svuotate, giudici controllati dal governo, giornalisti silenziati. Un sistema feudale che tiene sotto scacco la popolazione e arriva fin dentro il seggio elettorale. Nelle zone rurali, le più povere e le più fedeli a Orbán, un voto per il partito del premier viene ricompensato con 5 kg di patate, un pacco alimentare, o con una dose per i tossici. I pullman vanno a prendere gli elettori a casa. Si fotografano le schede elettorali per ottenere il premio. Lo ha raccontato nelle ultime settimane il documentario “Il prezzo del voto” realizzato dai giornalisti investigativi “DE! Akcióközösség”. La macchina di propaganda può comprare fino a 500mila voti. Un regime autocratico e illiberale che si è rafforzato con i soldi dell’Unione Europea: solo con la politica di coesione UE l’Ungheria ha ottenuto 50 miliardi di euro in 20 anni. Il sistema Orbán è cresciuto così, sulle spalle dell’Europa e dei cittadini ungheresi.