Venezuela no podía votar en la Asamblea General, lo sabemos y nadie le reprocha eso. Pero el voto es solo una de las formas de estar presente en un debate. La otra, la más elemental, es la palabra. Y esa nadie se la ha quitado a Venezuela en la ONU. Hoy ese país, o ayer, pudo subir a la tribuna, nombrar el bloqueo por lo que es y decir que Cuba no está sola. Tenía el turno reservado, estaba en la lista y a última hora, sin una sola explicación, decidió no usarlo.
Cuando a un país le impiden votar, se le puede compadecer, cuando tiene el micrófono delante y elige no hablar, estamos frente una elección política.
Cuesta entender qué cálculo diplomático justifica callar justo en el único espacio donde todavía podía hacer algo por Cuba. El pueblo cubano no pudo contar con el voto de Venezuela, y eso tenía explicación, pero lo que no tiene explicación, o sí, era haber dejado de pronunciarse con la palabra en favor del pueblo que le dio la sangre de 32 cubanos y aún tiene médicos salvando vidas en ese país.