Los cristianos no estamos llamados a vivir en silencio bajo la bota de la maldad, estamos llamados a resistir el mal y a defender la verdad.
El mal no se detiene porque le sonrías o le pongas la otra mejilla, se detiene cuando los hombres de fe se mantienen firmes.
La paz sin justicia acaba conviertiéndose en corrupción.
Una vez que tu cultura desaparece, jamás volverá, y dirán que nunca existió.
La batalla descrita en el Apocalipsis convirtió a San Miguel en símbolo de lucha espiritual: caballero armado, líder de la milicias celestiales que vence al propio Satanás, nos recuerda que el mal no tiene la última palabra.
Su simbolismo gira en torno a la protección divina, la justicia, el coraje inquebrantable y el triunfo definitivo del bien contra las fuerzas de la oscuridad.
El cristianismo llama a la valentía, la disciplina, a la defensa de lo que es correcto y a permanecer fieles a los principios de Jesucristo, quien desafió las leyes de hace 2.000 años, cuya figura es un ideal de incorruptibilidad, de justicia y verdad, que transmitió que ni la tortura podrá intimidar a quienes defiendan sus valores, y que ni la mverte podrá derrotarnos cuando la causa por la que luchamos es justa y superior a cada uno de nosotros.
NO PERMITAS QUE DESTRUYAN TODO AQUELLO QUE HAS RECIBIDO.
RECUPERA LOS VALORES QUE EDIFICARON OCCIDENTE.
NO PIERDAS EL SENTIDO DE LA TRASCENDENCIA.
Y NUNCA OLVIDES LA GRANDEZA DE TU CIVILIZACIÓN, POR MUCHA DESESPERANZA Y BASVRA IDEOLÓGICA QUE VIERTAN SOBRE TI.