Me han escrito algunos amigos preguntándome por qué no he escrito sobre el fallecimiento de Maricarmen.
La respuesta es sencilla: creo que no hay que darle más eco del necesario. No representa NADA en absoluto. Y mucho menos el problema de los jóvenes.
Al final, era una señora muy mayor a la que han aconsejado muy mal, y que ha sido utilizada con fines políticos.
Mi opinión es clara: la gente que la ha llevado a esta situación tiene una gran parte de responsabilidad. Y no me refiero a la empresa dueña de la casa, sino a quien le dijo que estaba por encima de la ley y que la casa “era suya”. A esto hay que sumar sus decisiones personales y su avanzada edad, claro.
Pero se han inventado una mártir y lo han conseguido. Martircarmen.
Dicho esto, estoy en un periodo de cansancio vital con la situación sociopolítica de este país.
Es agotador ver cómo todo se ha convertido en un espectáculo pornográfico de dolor impostado, muy poco creíble, excepto para quien quiere agitar las calles.
Es agotador ver cómo quedamos muy pocos en posiciones liberales, y los medios ensalzan a una turba de radicales que dicen en su mayoría absolutas gilipolleces que sonrojarían a cualquiera.
Me da pena ver cómo, poco a poco al principio y ahora a máxima velocidad, nos adentramos (estamos ya) en un periodo de preguerra civil.
Porque esto no se arregla ya con unas elecciones y un posible cambio de gobierno, que muchas veces dudo si será un proceso con garantías y normalidad.
Porque aunque llegue un nuevo gobierno (y yo seré el primero en votar para intentar que ocurra), no hará lo que la situación requiere. Y tampoco le dejarán.
Tiempos oscuros y difíciles nos aguardan.