Nunca fui un hombre de la política.
Soy médico. Hace 25 años que estudio enfermedades, trato pacientes y aprendi que nunca hay que enamorarse del diagnóstico. Hay que mirar la realidad.
Esta noche volví a escuchar a
@JMilei hablar de Adam Smith, productividad, inteligencia artificial, inversión, equilibrio fiscal, cambios estructurales y del lugar que la Argentina puede ocupar en el mundo.
Y pensé en algo personal.
Milei no despertó en mí la necesidad de seguir a un político.
Despertó la necesidad de volver a estudiar.
Economía. Escuela Austríaca. Incentivos. Libertad. Geopolítica.
Porque después de 25 años de medicina entendí que hay algo peor que equivocarse en un diagnóstico,
negar la realidad para sostenerlo.
También aprendí medicina preventiva.
No esperar la diálisis para cuidar el riñón.
No esperar el infarto para cuidar las arterias.
No esperar el daño irreversible para empezar a actuar.
Yo sé lo que significa empezar desde abajo. Sé lo que significa que una oportunidad pueda cambiar una vida.
La libertad no garantiza que te vaya bien pero te permite intentarlo.
Y un Estado que ayuda al que realmente lo necesita es imprescindible. Pero su éxito no debería medirse solamente por cuántas personas asiste, sino también por cuántas recuperan autonomía.
En medicina intento que mis pacientes me necesiten cada vez menos, no cada vez más.
Tal vez un país debería aspirar a algo parecido.
A mis 50 años sigo estudiando.
Y si Milei consiguió algo en alguien que por años casi no se interesó por la política, fue esto:
me hizo querer entender.
No repetir.
No obedecer.
ENTENDER.
Y cuanto más estudio la libertad, más difícil me resulta aceptar que la decadencia sea nuestro destino.
Argentina puede mucho más. 🇦🇷