Después de tantos años de cáncer, hoy me toca pedir ayuda
He pasado la mitad de mi vida luchando contra el cáncer.
Solo tuve cinco años de remisión. Cinco años en los que creí que finalmente podía recuperar mi vida, hacer planes, trabajar, construir un futuro… hasta que la enfermedad regresó y volvió a invadir mi cuerpo.
Una enfermedad tan larga no solamente destruye la salud. También va consumiendo todo a su paso: los ahorros, el patrimonio familiar, los proyectos, la tranquilidad y, muchas veces, hasta la esperanza.
Y hay una realidad que me duele más que mi propia enfermedad: en mi casa, todos trabajan para mí.
Han dejado de lado sus propias vidas, sus necesidades y sus sueños para acompañarme, cuidarme, llevarme al hospital, conseguir mis medicamentos y hacer todo lo necesario para mantenerme aquí.
Yo quisiera trabajar.
Quisiera ayudar.
Quisiera volver a ser independiente.
Quisiera poder decirles: “Ahora me toca a mí cuidar de ustedes.”
Pero mi cuerpo ya no me lo permite.
Por eso, después de tantos años intentando sostenerme por mis propios medios, hoy tuve que hacer algo que nunca imaginé: pedir ayuda.
No lo hago porque haya dejado de luchar. Lo hago precisamente porque quiero seguir aquí y porque no quiero que mi enfermedad termine de destruir también la vida de quienes amo.
A veces, en los momentos más oscuros, he pensado que si Dios decidiera llevarme, quizá sería un descanso para todos aquellos que han sacrificado tanto para mantenerme con vida. Y decirlo me rompe el corazón.
Pero mientras Dios me permita estar aquí, quiero seguir luchando. Quiero seguir viviendo.
Hoy les pido ayuda no desde la lástima, sino desde la necesidad y desde la dignidad de una mujer que lleva años peleando por su vida.
Si puedes ayudarme, hazlo.
Si no puedes, comparte mi historia.
Y si tampoco puedes hacer eso, regálame una oración.
Porque detrás de esta enfermedad hay una mujer que todavía quiere vivir. ❤️