Estoy en Buenos Aires, una amiga escritora, judía y argentina, me dijo hace poco que el ambiente literario español es tan antisemita, y tan distinto del de casi todo Iberoamérica, que si un escritor judío no repite el eslogan de que Israel comete genocidio en Gaza, lo cancelan. Exactamente lo que le pasó a Ariana Harwicz.
Harwicz, argentina, judía, residente en Francia, autora de Matate, amor y finalista del International Booker, estaba programada para el festival Cultur-Alh de la Universidad de Granada a fines de septiembre. Días antes la desinvitaron. Las organizadoras le escribieron que admiran sus libros, pero que no podían garantizar su seguridad y que sus posturas sobre Israel, Gaza y el boicot cultural eran “difícilmente conciliables” con la línea de la universidad.
La presión vino de la Red Universitaria por Palestina y de varias escritoras invitadas (Rita Segato, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, Lina Meruane, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro, entre otras), que la acusaron de “negar el genocidio”. El “delito” era, entre otras cosas, un tuit en el que decía que a algunos les angustia que no haya genocidio y que lo desean para confirmar su odio a Israel. Harwicz se opone al boicot cultural contra israelíes y no acepta la etiqueta de genocidio. Ella lo resumió así: la castigan por ser “la mala judía”.
Más de 350 escritores firmaron a su favor. John Banville canceló su participación en el festival. La embajada argentina pidió reparación. El festival siguió, sin ella. Recordemos esto el 7 de octubre.