El valle de María
Vivir en alerta constante no es cobardía, es el cansancio de una mente que ha tenido que protegerse sola durante demasiado tiempo. Cuando la desprotección se vuelve la norma, tu cuerpo todo lo siente como una amenaza y es agotador. Hay días grises en los que me veo como una flor en blanco y negro, marchita, agotada y sin fuerzas, atrapada en un cuerpo que olvidó cómo se siente la seguridad y donde la calma empieza a parecer una trampa. Pero a veces, el ruido se apaga. Y cuando consigo tener un cuerpo en calma, la tormenta cede y es como estar en un valle lleno de flores coloridas donde no hay miedo, donde no tengo que sobrevivir. En donde no hace falta defenderse de nada, ahí puedo ser María. La rara, la chica de las flores, la amante de los caminos. Ser yo, respirando hondo y sin miedo a nada.