Gracias a todas las personas que ayer nos acompañaron en Nueva York para la presentación del informe Juventud, poder y redes sociales en Cuba, en una semana en la que esta ciudad reparte su atención entre muchas urgencias. Gracias a los periodistas, a nuestros colegas de la sociedad civil y a cada cubana y cubano que se acercó a conocer sus hallazgos.
Gracias a Gina Romero
@Ginitastar, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos a la libertad de reunión pacífica y de asociación, de cuya disposición a escuchar a los jóvenes cubanos nació este informe. Gracias a Luis Manuel Otero Alcántara
@LMOAlcantara , fundador del Movimiento San Isidro, cuya persistencia y rebeldía inspiraron a un país a romper los muros del miedo. Gracias a Consorcio Justicia
@ConJusticiaOrg por apoyar las consultas con la Relatora y acompañar este trabajo hasta su presentación. Y gracias al
@BildnerCenter, a Enrique Desmond Arias
@AriasDesmond a Ted Henken por acoger este encuentro.
El informe recoge testimonios de jóvenes dentro y fuera de Cuba y la documentación que ellos mismos aportaron. Sus experiencias permiten examinar cómo se restringen, en la práctica, las libertades de expresión, asociación y reunión pacífica, y reclamar al Estado cubano el cumplimiento de sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.
Del análisis emergieron doce patrones que, leídos en conjunto, revelan una secuencia: ante los obstáculos para asociarse de manera independiente, los jóvenes trasladan parte de su vida cívica al espacio digital; allí enfrentan vigilancia y persecución; esa persecución puede convertirse en un proceso penal y desembocar en la prisión o en una salida forzada del país. La represión de la juventud y el envejecimiento de Cuba son dimensiones de una misma crisis. No es posible comprender el éxodo sin atender a las condiciones que expulsan a una generación a la que el poder trata como sospechosa por organizarse y reclamar sus derechos.
Las consultas que dieron origen a este trabajo también contribuyeron al informe temático global de la Relatora Especial sobre activismo juvenil y Generación Z presentado ante la Asamblea General. La experiencia cubana debe formar parte de esa conversación internacional y de las decisiones que los Estados adopten frente a las violaciones documentadas.
En los próximos días compartiremos más hallazgos. El blanco de la represión es también el vínculo entre las personas: impedir que la juventud se asocie es impedir que actúe. Defender esas libertades es defender el futuro de Cuba.