Cuando pensamos en los
#ReyesCatólicos, solemos imaginar un bloque sin fisuras gobernando bajo el lema del «Tanto Monta», sin embargo, tras la toma de Granada en 1492 y, sobre todo, en el testamento de la reina de 1504, quedó al descubierto una profunda rivalidad estratégica que cambió el rumbo geopolítico de España.
Para la reina Isabel, la toma de Granada no era el final de la Reconquista, sino solo la primera fase. Su obsesión era proteger la Corona de Castilla a largo plazo.
Las últimas voluntades de
#IsabellaCatólica sobre África se recogen en su testamento y codicilo de 1504, donde ordenó expresamente a sus sucesores que no cesasen en la conquista de África y en combatir por la fe contra los infieles.
Tras finalizar la Reconquista en la península y tomar Granada, la reina veía el norte de África como el siguiente paso lógico para proteger las costas ibéricas y controlar el Estrecho.
Su meta era una conquista territorial profunda del Magreb para destruir los nidos de la piratería berberisca y evitar una nueva invasión islámica en Andalucía.
Con su último aliento en 1504, dejó escrito en su testamento la orden tajante a sus herederos de «que no cesen de la conquista de África».
En el mismo bloque estratégico (Capítulo 17), Isabel ordena de forma tajante que la Corona nunca enajene ni ceda la ciudad de Gibraltar. Para ella, Gibraltar no era un fin en sí mismo, sino la «llave» y la base de operaciones obligatoria para la futura invasión del norte de África.
El rey Fernando miraba hacia el Mediterráneo central. Para él, la prioridad absoluta eran las Guerras de Italia contra Francia. África solo le interesaba si servía para asegurar sus rutas comerciales, no para desgastar al reino en una conquista territorial profunda.
Él prefería la política de los presidios: conquistar únicamente pequeñas fortalezas costeras (como Melilla u Orán) que sirvieran como muros de contención y bases de escala comercial.
Tras la muerte de Isabel, el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (confesor de la reina y regente) se convirtió en el gran defensor de esta última voluntad.
Ante la falta de fondos de la Corona, Cisneros financió las expediciones de su propio bolsillo utilizando las rentas del arzobispado de Toledo.
Gracias a este impulso y a la pericia militar del ingeniero Pedro Navarro, España logró conquistar enclaves norteafricanos clave entre 1505 y 1510: Melilla, Mazalquivir, Orán, Bugía y Trípoli. Cisneros llegó a combatir en primera línea en la toma de Orán (1509).
El proyecto de una gran África hispánica se canceló permanentemente debido a dos sucesos clave:
• El desastre de los Gelbes (1510): una severa derrota militar española en la isla de Djerba (Túnez) que costó la vida a miles de soldados y frenó en seco el entusiasmo conquistador en la zona.
• El imán económico del Nuevo Mundo: las dimensiones de la conquista de América absorbieron por completo los recursos humanos y económicos de Castilla. África pasó a ser una costosa línea defensiva de fuertes costeros (presidios) en lugar de un imperio en expansión.
El mandato del testamento quedó enterrado en los archivos, y España se convirtió en un imperio atlántico y europeo, dándole la espalda al continente africano.
#HistoriadeEspaña