Con el reciente fallecimiento de Komanche, creo necesario establecer dos cosas:
Por un lado, es completamente normal que sientas empatía y lamentes la muerte de una persona, más aún ante las circunstancias que se presumen, pues los problemas de salud mental son extremadamente complejos y siempre será desafortunado que una persona pierda la vida en circunstancias como esas.
Sin embargo, por otro lado, la muerte de una persona, incluso si fue por propia mano, no la convierte automáticamente en un mártir. Tampoco es motivo para ser hipócritas y fingir que sus comportamientos criticables y repudiables nunca existieron, cuando fueron precisamente esos comportamientos los que motivaron que se le señalara y cuestionara en más de una ocasión.
Y esas dos verdades pueden coexistir perfectamente.
La empatía no debería ser selectiva, pero la memoria tampoco.