Ingeniero de telecomunicaciones atrapado en pendencias filosóficas. Orgulloso miembro del lumpentuiterato, presto a meter los perros en danza.

La Coruña, España
"Si nosotros nos vamos, ¿quién se llevará a nuestros muertos? Ellos viven aquí y no podemos dejarlos solos."
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De ahí la importancia de construir algo que esté por encima de cada uno de los miembros de la pareja. Eso excluye la cuestión de si todavía estamos enamorados o no. Si eso no existe, abrir esa puerta es un disimulo de otra mucho más prosaica cuestión: si seguimos sexualmente tan excitados como al principio, si seguimos tan interesados por la novedad. La respuesta, siempre y necesariamente, es NO. Estar enamorado es una vulgaridad que le puede pasar a cualquiera, acaso necesario pero pasajero, y hacer depender una relación de esa mecha es un hedonismo que la condena de antemano. Es no haber pasado el umbral de la adolescencia. Las fantasías se satisfacen con el onanismo, dejadlas ahí. Masturbaos, gamberros, pajilleros de la mala filosofía, ahuyentad las otras pajas, las mentales, y centraos en lo importante. Una pareja es una misión que trasciende a ambos, y entraña deberes de lealtad ineludibles. No se extinguen porque "ya no estés enamorado".
Los Javis, sobre su ruptura durante el rodaje de 'La bola negra': «La película abrió una puerta que necesitábamos enfrentar, ya no estábamos enamorados» abc.es/gente/javis-sobre-rup…
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"La bola negra" es una película con virtudes técnicas notables, pero la campaña de su promoción, así como su contenido, se dan de bruces con una contradicción frecuente, siempre que la homosexualidad o el fenómeno "queer" comparecen: no se puede formar parte del discurso oficial y legitimar al mismo tiempo la propia posición como acto de rebeldía de quien viene de los arrabales, para recoger todo el pringue de la compulsión laudatoria del márquetin, y regresar a continuación a los suburbios para no perder su blasón de marginalidad perseguida. Ese trasiego apunta a una falla severa. O una cosa o la otra. Y es la otra. Es decir: es una película del Régimen. Porque el Régimen ya ha incorporado la marginalidad y la condición de victima como bandera oficial. Pasolini abjuró de su "Trilogía de la Vida" porque experimentó en carne propia esa contradicción. Su honestidad intelectual era radical.
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Hay una regresión infantil absoluta en esas narrativas que atribuyen a los soldados la condición de heroicos luchadores o combatientes por una causa que asumirían con fe militante. Esto deja a los hechos preparados para saltar al comic. Pero los soldados son hombres arrastrados al matadero del campo de batalla por circunstancias frente a las cuales su capacidad de maniobra es poca o nula. Esto lo ha narrado muy bien Tolstói en 'Guerra y Paz'. Los hombres bastante tienen con aliarse, cuando pueden hacerlo, con aquel que protege su pellejo, como no puede ser de otra manera. Y siempre son instrumentos en manos de la pavorosa galerna de la historia, que reparte victorias y derrotas y aplasta a todos con la prepotencia del Espíritu Universal hegeliano. Los espectadores que necesitan otra cosa tal vez deban colmar sus fantasías con ficciones moralizantes , pero que renuncien a pontificar. Es obsceno. (En síntesis: entre los soldados que murieron en la guerra civil hubo brigadistas voluntarios, pero fueron los menos. Explicar la guerra a través de ellos es mentir).
He ido a ver La bola negra. Estéticamente es sublime. Pero no termino de entender que Los Javis hayan usado a un fascista para que empaticemos con él por ser gay y, de paso, colarnos el relato de que pegaba tiros a los rojos casi de casualidad.
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¿Sería excesivo o inadecuado decir que nuestra civilización se ha levantado sobre la esclavitud y el infanticidio? Sea como fuere, algo fundamental hay que decir aquí: la oposición al aborto, hoy, no es un punto programático entre otros. Es una enmienda de larguísimo alcance contra la Modernidad misma. Afecta al corazón de nuestro modo de organización social. Forma parte de un corpus en el cual los hijos ya no son un paisaje natural, ya no son figura sino fondo, ya no se dan por sentados como deber y rol comunitario de mujeres y hombres . Hoy los hijos son una opción más, a menudo una opción junto a otros bienes de consumo. Y esto lo vuelve un asunto mucho más difícil de abordar. Oponerse exige una intransigencia absoluta, un rechazo radical sin componendas.
Se han abortado entre 4 y 20 veces más niños en los últimos 50 años que el total de muertos si sumanos TODAS las guerras de TODA la historia. A día de hoy, de hecho, cada 2-6 años se alcanza igual número de niños abortados que los muertos de todas esas guerras de la historia.
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Aquí @Moscayano da la medida justa de la cuestión.
Es peor, querido amigo. En la cita de la De Beauvoir que nos ofreció ayer nuestro Cratonauta (@ElCratonauta), “… en la Humanidad se acuerda la superioridad, no al sexo que engendra, sino al que mata…”, hay mucha más tralla de lo que parece. Entre otras cosas, el +
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Una vez que el sexo se integra en la cotidianidad como parte de un todo que le trasciende, en este caso la unión matrimonial, se puede disfrutar mucho más que si se convierte en un fin en sí mismo. Ahí se condena a la persecución de algo que constantemente se le escapa: el trofeo. El personaje de D. Juan es fiel testimonio de ello. Y la literatura del Marqués de Sade apunta, en otro sentido, a ello, como lúcidamente describe Pierre Klossowski: 'Una transgresión no puede ni debe jamás encontrar un estado en el que poder resolverse (...) La energía debe superarse constantemente para verificar su nivel. En cuanto no encuentra obstáculo, desciende del nivel alcanzado. Una transgresión debe engendrar otra'. El sexo cuyo disfrute se agota en el propio acto conduce a la desesperación y al tedio.
«Los americanos con más vida sexual (y más satisfactoria) son los hombres y mujeres casados que asisten regularmente a ceremonias religiosas. De hecho, son los únicos que no han visto un descenso en su vida sexual». Datos que apuntan a lo que comenté con @lorenagm7 hace 7 años.
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Pero aquí esto no es de aplicación @armesillaconde . El dueño no abandonó nada. Hubo un contrato en vigor. La usucapión no es la extinción de un contrato de alquiler para convertir al arrendatario en propietario. Otrosí, el pago de un alquiler es la prueba de que el inquilino asume su condición de arrendatario y reconoce los derechos de titularidad de un arrendador.
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La creciente complejidad de las relaciones de poder, que ya no está concentrado ni desciende unilateralmente sobre una masa de administrados, hace extremadamente difícil encontrar un marco moral preciso para la lucha política. Tal esquema solo puede presentarse con facilidad cuando la catástrofe ya está servida y existe un cauce institucional para esa enemistad: por ejemplo, la guerra. Solo el Estado o la Familia tienen esa capacidad para dotar de una justificación inequívoca la violencia perpetrada. El individuo está solo frente al Estado: este ha sido el gran logro de la Revolución, y por eso la Revolución y la desobediencia se han integrado en el Estado. Porque el individuo solo puede protegerse integrándose en el Estado, aliándose con alguna facción depositaria de poder en el Estado. Y si desobedece, será revolución mediante o será aplastado. Pero en la hipótesis "si Maricarmen se hubiera ido de vacaciones y su casa hubiera sido 'okupada', ella pasaría a ser una 'facha' que vive en El Retiro" hay algo más que una maliciosa ficción: la empatía siempre es arbitraria, y su distribución, cuando no viene dictada por el código moral que obliga a proteger al propio grupo frente a una agresión externa, siempre está ideológicamente dirigida. Digamos más: es disimulada Moral de Estado al servicio de una de las facciones oligárquicas que ocupan el Estado.
Sobre el TEMA de estos días, no hay mucho más que decir. Quizá me atrevería a contribuir con esto: El problema de palabras como «poder», «élite», «sistema», «explotador» o incluso «capitalismo» no es que designen necesariamente entidades imaginarias, como los arcontes gnósticos, los Illuminati de Foucault's Pendulum o cualquiera de las organizaciones internacionales que aparecen en un episodio especialmente paranoico de The X-Files. Algunas de esas palabras describen fenómenos perfectamente reales, mensurables incluso, con departamentos jurídicos, cuentas corrientes, organigramas, consejos de administración, índices de Gini y gente que contesta correos electrónicos a las 23:47. El poder existe. Lo que ocurre es que quizá se parece menos a Luis XIV sentado debajo de un baldaquino que a la red eléctrica de Red Eléctrica de España: una infraestructura desigual, parcialmente visible, llena de nodos, transformadores, redundancias y puntos de fallo, que circula por instituciones, dinero, reputación, legislación, credenciales académicas, apellidos, contactos de WhatsApp, algoritmos de recomendación, reglamentos internos, contraseñas de administrador y formularios PDF diseñados por alguien que abandonó la organización en 2014. No está en todas partes con la misma intensidad ni pertenece de una vez y para siempre a quien parece poseerlo. Un catedrático de universidad puede decidir, mediante una combinación de una firma, dos llamadas y un informe de ciento ochenta palabras, si un doctorando continuará dentro del sistema académico o será expulsado hacia esa región exterior donde la gente explica en LinkedIn que está «explorando nuevas oportunidades»; y ese mismo catedrático, cinco minutos más tarde, puede pasar cuarenta y tres minutos escuchando una versión comprimida de Für Elise mientras intenta convencer a una operadora de una compañía aérea de que su Samsonite cumple las dimensiones reglamentarias y de que, por tanto, no debería pagar setenta pavos del ala. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo. Y eso resulta intelectualmente insatisfactorio porque la mente humana, que ha tolerado mal la complejidad desde bastante antes de que Fritz Lang construyera la ciudad vertical de Metropolis en 1927, prefiere que las fuerzas tengan cuerpo, entidad, cara de malo (con puro gordo o chirlo cruzando la ceja, según). Si EL PODER es una persona, una clase social, un consejo de administración o una habitación herméticamente cerrada donde seis hombres con trajes de lana fría deciden el precio del trigo y el destino de Bolivia, entonces podemos localizarlo. Podemos dibujar un círculo alrededor, como en los rituales satánicos. Podemos atribuirle frases. Podemos imaginar qué bebe. Sobre todo podemos odiarlo, una actividad que tiene la considerable ventaja cognitiva de convertir un sistema de causalidades recursivas en una narración con protagonista y antagonista. Pero si el poder emerge de millones de relaciones parcialmente superpuestas (salarios, hipotecas, permisos, títulos universitarios, códigos postales, contratos temporales, reputaciones, herencias, amistades, miedo al despido, conocimiento técnico, capacidad de esperar seis meses sin cobrar) y si cada individuo que ejerce poder dentro de una de esas relaciones puede estar simultáneamente atrapado dentro de otras que no controla, entonces ocurre algo desagradable desde el punto de vista narrativo. La película pierde al malo con cara de malo. Solo quedan la infraestructura, los incentivos, las jerarquías, los seres humanos haciendo cosas pequeñas porque en ese momento parecen razonables y las consecuencias acumulativas de todas esas cosas. Queda algo más parecido a "The Wire" que a "Star Wars": nadie dispone del plano completo, casi todos creen comprender la parte que les corresponde y el sistema continúa funcionando con la serenidad de una máquina cuyo rasgo más inquietante es precisamente que no necesita que nadie esté sentado en su centro de mando.
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"La bola negra" es una película bien dirigida, y con un dominio de la técnica cinematográfica muy notable. Por debajo, hay clichés ideológicos en funcionamiento. Por ejemplo: -El padre que abandona a su mujer y a su hijo. El juicio moral de su traición se ve atemperado por su condición de homosexual, que le empuja al abandono. Si fuera heterosexual y se uniera a otra mujer no habría piedad. Tampoco si fuera jugador o alcohólico. -Por contra, la mujer que deja a su hijo en el abandono emocional más absoluto es inocente, porque ha sido abandona por su marido. Todo esto plantea un cuadro moral sesgado de forma predecible: la homosexualidad como blasón esencial de inocencia, para hacerla valer como prueba, una y de una vez por todas, de inocencia en todas y cada una de las situaciones que involucren a un homosexual.
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La acampada es marketing de Estado. No es solo que será perfectamente digerida por el sistema político. Es que está promovida por él. No importa que los manifestantes sean muy o poco conscientes de ello. El desenlace objetivo está ya prefigurado en la propia movilización. Y debido a un sistema de estímulos e incentivos perversos, favorecidos por el propio régimen, podemos estar seguros de que la solución que se de al problema lo agravará.
🔴DIRECTO | Uno de los manifestantes que ha acampado en Sol: “Estamos poniendo mucho el foco en quiénes somos los manifestantes y de los que se debería saber el nombre es de nuestros caseros, que son los culpables de todo esto” social.elpais.com/u4sdl
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Razón, aquí:
Maricarmen, tengo un mensaje para ti. El Gobierno está trabajando contra reloj para llevar el próximo martes al Consejo de Ministros el Real Decreto Ley sobre Vivienda. Y pido a los grupos parlamentarios que hagamos un último esfuerzo para que sea convalidado en el Parlamento. Es una cuestión de humanidad.
Community note
Pedro Sánchez lleva ocho años gobernando, cuatro de ellos con una mayoría de izquierdas tras las elecciones del 10 de Noviembre en 2019. Prometió en 2016 que no hubiera más desahucios como el caso de Maricarmen. x.com/sanchezcastejo…
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Vicepresidente del Gobierno durante 3 años, se expresa como aquellos hombres de la Transición, procedentes de la dictadura, que aparecieron como demócratas de toda la vida: Suárez, Fraga, Areilza, Pío Cabanillas. Su propio pasado ya no tiene relación alguna con ellos. Cada 2 por 3 hay que cambiar las cosas y tomar nuevas medidas. Pero ella nunca sobra.
Lo que ha ocurrido estos días con Maricarmen demuestra por qué necesitamos gobiernos que estén al lado de la gente cuando más lo necesita. Una mujer que lleva 70 años en su casa no puede verse obligada a asumir una subida del alquiler de 500 a 2.000 euros. ¿Qué pensión puede pagar eso? En Andalucía, la subida del 75% del precio de la vivienda desde 2018 está expulsando a personas de sus barrios y de sus hogares. Por eso hay que intervenir. Con seguridad jurídica y dentro de los límites que establece la Constitución, sí. Pero intervenir. Porque cuando el mercado de la vivienda no garantiza que la gente pueda vivir dignamente, los poderes públicos tienen que actuar para proteger un derecho fundamental.
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Dos acampadas, por distintos motivos. Una se explotará en favor del Partido, sus satélites, y oligarquías, organismos y organizaciones asociadas. La otra ya no tiene relato que la sostenga, su sola visión es subversiva y perjudicial para esos mismos intereses. Por tanto, está llamada a desaparecer de los medios de comunicación.
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¿Por qué? ¿Es desde hoy que "no hay derecho"? Son cosas que pasan, inherentes a la solución humanitaria que los poderes públicos están dando al problema.
Qué horror. Niñas violadas en chabolas insalubres e inhumanas. No hay derecho a que Ceuta esté sufriendo esta situación. elfarodeceuta.es/la-policia-…
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