Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond, nos pueblos conquistaron a otros? Su respuesta rompe la idea de superioridad racial: la ventaja se acumuló durante milenios en geografía, domesticación, gérmenes, escritura, tecnología y Estado.
México está dentro de esa historia. Mesoamérica creó agricultura, ciudades, escritura e imperios; pero en 1519 chocó con otra trayectoria histórica que llegó con caballos, acero, navegación, organización política y gérmenes. No fue “civilización contra barbarie”: fue la colisión profundamente desigual de dos mundos complejos.
Y aquí está lo inquietante. Si seguimos la lógica de Diamond, una colisión así no termina cuando termina la conquista: reordena el poder y crea nuevas condiciones que pueden reproducirse durante siglos.
México no carga sólo con problemas contemporáneos; carga con desigualdades históricas que nunca fueron completamente desactivadas. Cambiaron gobiernos, leyes y regímenes, pero eso no garantiza que desaparezcan las estructuras que concentran poder y excluyen. Por eso desigualdad, impunidad y justicia inaccesible pueden entenderse también como reverberaciones de una trayectoria histórica que México aún no consigue romper.