Al católico devoto, obligado por ley a no meter a Cristo en el Estado, se le apagó el fervor al recordar que el judaísmo no reconoce a Jesús como mesías. El instinto político venció al impulso religioso; su silencio en pleno Año Nuevo judío fue el verdadero milagro.
¡Allí a Ab3lardo se le olvidó decir "que viva cristo rey"!