En diciembre de 2024 durante la posesión del procurador General Gregorio Eljach Pacheco en La Guajira, el presidente Gustavo Petro se alojó en el Hotel Boutique Betel, donde, según una fuente de entera credibilidad contactada por El Expediente, se realizó una fiesta de tres días que dejó el establecimiento en condiciones deplorables.
Los mensajes recibidos detallan paredes manchadas con materia fecal, condones usados en el suelo y bolsas con sustancias identificadas como cocaína y drogas sintéticas como Tusi y Ketamina, el alucinógeno favorito de Petro.(via
@EIExpedienteCol )
Cuando un consumidor se encuentra en intoxicación extrema por cocaína o tusi, el cerebro entra en un modo primitivo y paranoico. Los lóbulos frontales —encargados de la empatía, el juicio y el control de impulsos— quedan prácticamente “apagados”, y la persona pierde toda noción de respeto, asco o límites morales.
Médica y psicológicamente, estas dinámicas de dominación, sadismo y situaciones deplorables se manifiestan así:
1. Situaciones higiénicamente deplorables y denigrantes
Al anularse la barrera del asco y la higiene, el consumidor puede exigir o forzar prácticas con fluidos corporales de forma descontrolada y peligrosa:
• Coprofilia o urofilia forzada: actos con orina o heces usados como humillación.
• Restricción del aseo: impedir que la pareja se limpie o use el baño durante horas o días, manteniéndola en condiciones insalubres.
• Exposición a infecciones: penetraciones o contactos en zonas con sangrado, heridas o desgarros, ignorando el riesgo de transmisión de enfermedades o infecciones bacterianas.
2. Dinámicas de sadismo y dolor físico
Como el cuerpo del consumidor está anestesiado, busca “sentir algo” a través del dolor ajeno o la dominación absoluta:
• Asfixia erótica no consentida (choking): apretar el cuello de la pareja hasta cortar el oxígeno. Bajo el efecto de la droga pierde noción del tiempo y la fuerza, con alto riesgo de homicidio accidental por estrangulamiento.
• Golpes y sujeción violenta: usar amarras, cuerdas o fuerza física para inmovilizar, infligiendo dolor (morder, golpear, quemar con cigarrillos) sin importar gritos o peticiones de detenerse, pues la empatía está químicamente anulada.
3. Sumisión absoluta bajo amenaza de violencia
La sumisión no surge de un acuerdo mutuo o de un juego de roles sano (como el BDSM consensual), sino del terror psicológico y la coacción:
• Aprovechar la paranoia: acusar a la pareja de infidelidad o de esconder algo en ese momento, usando la ira y las falsas acusaciones para exigir actos denigrantes como “castigo” o prueba de lealtad.
• Amenaza explícita de daño: advertir que, si no se accede a las demandas (actos aberrantes, permitir que entren desconocidos o dejarse grabar), habrá violencia física severa, destrucción de propiedad o impedimento de salir del lugar.
En este punto el encuentro pierde cualquier componente sexual o de placer. Se convierte en un escenario de abuso, tortura psicológica y dominación mecánica, donde el consumidor usa el cuerpo del otro como contenedor para descargar su frustración, agresividad y cortocircuito químico.
Tweaking
Es uno de los comportamientos mecánicos más comunes cuando el consumidor está solo o la pareja se rehúsa a continuar.
• Fijación durante horas: puede pasar 6, 12 o más horas en un ciclo repetitivo de masturbación, intentando conseguir una erección que no llega por la vasoconstricción.
• Autolesión: la droga actúa como anestésico y elimina la sensibilidad al dolor. Continúa de forma tan brusca, violenta y repetitiva que se provoca quemaduras por fricción, desgarros, sangrado e inflamación severa, sin detenerse a pesar del daño. Abro Hilo
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