Es muy fácil, desde España, Chile, Estados Unidos o México, adoptar una postura pragmática sobre Venezuela.
Total, si la transición tarda tres o cuatro años más, no pasa nada, hay seguridad, comida en la mesa, electricidad y una vida que sigue su curso. Solo queda esperar.
Muy distinto es para quien vive dentro de Venezuela. Para quien tiene que soportar nueve horas diarias de apagones, pasar tres horas en una cola para surtir gasolina y pagar cinco dólares por un simple papel higiénico. Todo eso para que luego algún analista desde el exterior los descalifique como "opoficción" porque no lograron derribar al chavismo.
Es sencillo exigir paciencia cuando el costo de la espera lo paga otro.