Es impagable la cara que se le pone a la gente cuando, de sopetón, te suelta un ¡¿Está sordo o qué?! y, de pronto, ve los implantes y descubre que sí, que eres sordo.
Se hace un silencio helado, una pausa que parece eterna. Los ojos se les quedan fijos, la cara se les debate entre el blanco y el "colorao "y balbucean un torpe: Perdón, no me di cuenta.
Yo les respondo que no pasa nada. Al fin y al cabo, todos podemos meter la pata alguna vez… aunque reconozco que ver cómo cambia esa cara en cuestión de segundos tiene su punto. 😄