El 29 de noviembre España decide mucho más que un Gobierno: decide la dirección en la que quiere caminar. Pedro Sánchez lo ha expresado con claridad: nos jugamos avanzar o retroceder.
En estas elecciones se confrontarán dos modelos distintos de entender la economía, los servicios públicos, los derechos y la vivienda.
Entre quienes entienden la vivienda como un activo con el que especular y quienes defendemos que es, antes que nada, un derecho.
Entre un modelo que deja el terreno libre a los fondos buitre, a los grandes tenedores y a quienes han convertido la necesidad de tener un hogar en una oportunidad de negocio, y un proyecto progresista que quiere intervenir allí donde sea necesario para proteger a la gente.
Porque detrás de cada precio imposible hay jóvenes que no pueden emanciparse, familias que destinan una parte insoportable de sus ingresos al alquiler y trabajadores que, aun teniendo un sueldo, no pueden acceder a una vivienda.
La vivienda no puede ser el negocio de unos pocos a costa de la angustia de muchos. Ahí está también la elección: especulación o derecho; negocio o vivienda; avanzar o retroceder.
Ahora corresponde a la ciudadanía comparar, decidir y participar. Porque cada elección marca un rumbo. Y el futuro nunca se construye desde la indiferencia.