Los Olán y el negocio de 200 millones al mes
Las llamadas de Jorge Amílcar Olán Aparicio han sido el dolor de cabeza constante del círculo más cercano del obradorismo, pero los audios revelados hasta ahora apenas han dejado ver una parte del esquema financiero que operó detrás de las obras insignia del sexenio pasado. Más allá del tráfico de influencias, los contactos con el crimen organizado en Veracruz y la intermediación atribuida a Gonzalo López Beltrán, “Bobby”, existen fragmentos hasta ahora no divulgados que exponen los números que los propios hermanos Olán hacían sobre el negocio del balasto, los fletes y las facturas de gasolina que atribuían a
@Pemex.
@latinus_us difundió en agosto fragmentos de la llamada entre Amílcar Olán y su hermano Luis Alberto enfocados en la relación de este último con Iván Cazarín Molina, “El Tanque”, operador del Cártel Jalisco Nueva Generación. Lo que no se había hecho público es otra parte de esa misma conversación, en la que los hermanos Olán hablan de las corridas financieras, los costos, la maquinaria y las ganancias que proyectaban obtener de la extracción, suministro y traslado de material.
“Si son 80 mil metros cúbicos jodidos que saquemos mensual a 3 mil pesos con flete y todo, son 240 millones”, le dice Luis Alberto a su hermano. Amílcar inmediatamente corrige el precio. “A 3 mil pesos no, porque creo que está a 2 mil… La verdad no me acuerdo, ahí está la cotización”. Su hermano rehace entonces el cálculo. “Pero un ejemplo pues, 200 millones que se cobren al mes, que se le invierten 40, un ejemplo… está cabrón que te quede libre 200, pues está chingón, ¿no?”. Amílcar responde simplemente “¡Claro!”.
La aritmética verbal de Luis Alberto es imprecisa, pero permite conocer las dimensiones que ellos mismos asignaban al negocio. Con 80 mil metros cúbicos mensuales vendidos a 3 mil pesos con flete, la facturación alcanzaría 240 millones de pesos. Con una facturación de 200 millones y costos estimados por ellos mismos en 40 millones, el diferencial sería de unos 160 millones de pesos mensuales. Como sea, fue un jugoso negocio a costa del gobierno y sus influencias.
La llamada también muestra cómo pretendían maximizar el rendimiento de la maquinaria. Luis Alberto explica que consiguió camiones de volteo en 64 mil pesos con chofer y que, a diferencia de otros equipos limitados a jornadas de ocho horas, estos podrían operar prácticamente todo el día. “Le podemos dar durísimo la noche y en la mañana”, dice. El esquema contemplaba un turno de siete de la mañana a siete de la noche y otro hasta las cuatro de la mañana, dejando tres o cuatro horas para servicio. Amílcar remata la instrucción. “Hay que trabajar seis días completitos, doble turno y el domingo a darle mantenimiento a la maquinaria”.
Pero hay un fragmento todavía más delicado. Luis Alberto relata que un cargamento de diésel había provocado daños en una camioneta y maquinaria de terceros. En lugar de reconocer el origen del combustible, plantea conseguir documentación que permitiera presentarlo como adquirido legalmente. “Ustedes no van a decir que fue el diésel”, dice, antes de referirse a conseguir una factura y agregar “nosotros compramos a
@Pemex esa cosa, esa no era huachicol”.
El pasaje cobra otra dimensión a la luz de las investigaciones posteriores sobre los negocios de combustible alrededor de Olán.
@MXvsCORRUPCION documentó que Portacelis Gas and Oil, empresa constituida originalmente con el contador de Amílcar Olán como administrador, importó más de 15 millones de litros de diésel durante 2025 y tuvo entre sus proveedores a Ikon Midstream, compañía texana investigada por autoridades estadounidenses y mexicanas en expedientes relacionados con contrabando de combustibles.
La conversación también permite asomarse al manejo cotidiano del dinero. Luis Alberto informa a Amílcar de pagos en efectivo, gasolina, alimentos y otros gastos, mientras asegura que solicita notas y comprobantes de cada operación. (1/2) Sigue…👇🏼