“Por último y décimo punto de todo esto. La última y más importante de todas: nosotros defendemos una causa justa y noble, muchísimo más grande que cada uno de nosotros, las personas somos meros instrumentos en esta causa y tenemos que estar dispuesto a dar la vida por ella. Hablo ni más ni menos que la idea histórica de occidente, una causa intergeneracional, un hilo que recorre milenios, la causa de los filósofos atenienses que con Alejandro Magno cabalgó a Egipto y Asia, que los romanos consolidaron en el primer imperio multicontinental, que renació de las invasiones bárbaras en las abadías y las cortes de Carlomagno, que resistió a los árabes y reconquistó España, que cruzó el océano y colonizó América. La misma causa que nos convirtió en ciudadanos y nos liberó del yugo del tirano y la causa que descubrió el método científico, que industrializó al planeta Tierra y que con el capitalismo de libre empresa sacó de la miseria a miles de millones de seres humanos. La misma causa que nos llevó al espacio exterior, a la luna y hará de la especie humana una civilización interplanetaria. En definitiva, hablo de la gran gesta civilizatoria que es Occidente, una causa de honor, de coraje, de mérito y de búsqueda implacable de la verdad. Esa es nuestra causa. Esa es la línea histórica que venimos a restaurar, por eso cuando digo que la fuerza del cielo nos acompaña no se trata de una superstición, se trata de la verdad histórica, de reconocernos y mantenernos en el sendero del bien. Defender una causa es un valor demasiado trascendente para la comprensión del político promedio. Ellos están acostumbrados a defender únicamente su interés material, su beneficio inmediato, no tienen una noción de lo verdadero ni una noción de lo bueno. Si comprendemos el profundo valor de aquello por lo que luchamos, si comprendemos el tamaño de la causa que defendemos, comprendemos también otra cosa: para estar a la altura de lo que la causa exige, necesitamos dejar nuestras aspiraciones personales de lado. No hay lugar para ambiciones personales, no hay lugar para mezquindades, no hay lugar para el yo. Si quieren pensar en la propia, váyanse a su casa. Lo que está en juego es demasiado grande para quienes no han probado su fe”.
Javier G. Milei
Presidente de la Nación
4.12.2024