“Erige en tu interior el monumento al Deseo Insatisfecho. Y así las cosas nunca morirán antes de que tú mismo mueras. Porque, yo te lo digo, más triste que arrojar piedras es arrastrar cadáveres.”
El presente
es punto ciego, ese momento
de la noche a medias donde no se sabe
si las cosas terminaron o están a punto de empezar
de nuevo, todavía. Queda la palabra de su nombre:
un cuchillo de carnicero tantas veces afilado
que casi ya no existe.
Acabo de toparme unas fotitos de Pince y Pince ya no existe pero aún siento su pelito mugroso entre mis dedos y no la extraño tanto pero ojalá escuchar su maullido rasposo otra vez
Pince, ahora saquito de cenizas, sé que me perdonaste por ese viaje estresante en auto pero perdóname una vez más y ven a escuchar música conmigo mientras llueve, sí?
“¿La belleza de las ruinas? El no servir ya para nada.
¿La dulzura del pasado? El recordarlo, puesto que recordarlo es hacerlo presente y no lo es ni ya lo puede ser -el absurdo, mi amor, el absurdo.”
“Tan una sola tarde, colección de cuchillos
que preservan sus filos guardados en sus fundas,
una tarde que carga con todas las otras
en donde no estuvimos juntos
y las que habrán, aún deshabitadas,
de alojarnos. Tardes como multitud de cuartos,
en algún sitio aunque no lo sintamos,
en la palabra aquí que ya es entonces.
Y sin embargo, el pacto continúa:
aquí estamos.
Aquí: lugar del que me he ido,
la cama destendida del nosotros.
[…]
Tal vez amar es buscar darle al otro algo que no
podemos dar: esto:
este presente exiguo: la palabra aquí,
que ya está en otro sitio y significa nunca.”