Le preguntaron a Bukele en Argentina cómo sacaron a los jóvenes del modelo del narco: la casa grande, el coche caro el smartphone… cuando trabajar honesto tarda años. Su respuesta duele porque es verdad
"El gobierno llega tarde si espera reinsertar al que ya violó, ya mató y ya cortó cabezas. A un niño de 6 u 8 años sí se le puede cambiar la vida. Al que ya eligió el mal... el joven que vende tomates en el mercado, suda, carga, gana $5… y en la esquina el pandillero se los quita. ¿Qué incentivo gana? ¿Vender tomates o ser el que cobra? Por eso nunca se gana la guerra de incentivos si el criminal sigue en la calle.
Porque el Estado no puede pagarle triple salario mínimo para que deje el crimen. Eso no es gobierno, sino ingenuidad cara. Un organismo me dijo: «no puedes acabar el crimen de un golpe, son 70 mil empleos, esa plata llega a los hogares y se gasta legal». Lo que ellos insinuaban era que dejara vivir al cáncer para no lastimar la economía. Bukele les respondió con otra analogía: si tengo cáncer con metástasis y me ofrecen cirugía, quimio y quedar débil… pero vivo, me opero. No me quedo así nomás esperando que el tumor sea educado."
Le dijeron que el PIB podía caer hasta 10% por sacar esa economía sucia. No cayó. Subió. Porque el miedo también es un impuesto. Y ese sí lo pagábamos todos los días. Sacaron al pandillero de la ecuación y no sólo para castigarlo, sino para que el muchacho que todavía no entra en ese mundo vea otro menú. Ya no es: «me hago pandillero y gano». Ahora es: «me hago pandillero y pierdo mi libertad». Eso no es odio, es orden. Es proteger a la familia que sí trabaja, a la que manda la remesa, a la que nunca tuvo casa grande porque no cobraba renta de sangre. 30 años de discursos. 7 años de resultados. El resto es teoría para intelectuales.
Tal vez necesitamos un Bukele en España. Y en el mundo.