La retórica deshumanizada y el literalismo bobo, se encontraron debajo de un pelo revuelto y detrás de una cara hinchada que genera tics y sudores, para activar un aparato fonatorio y una lengua desesperada por representar su versión de la realidad.
La capacidad de expresarse se da por una construcción en la infancia y la adolescencia.
En cinco años públicos, esta persona ha dado evidencia de una invariable dimensión de producir sentido para insultar, imitar voces, imponer y gritar. Se ha comunicado de manera unilateral, no acepta se discuta lo que dice. No importa lo que el otro sepa o sienta. No importa el otro. Repite patrones, tiene un universo semántico limitadísimo y casi no hay afecto ni refinamiento en su discurso. Demuestra no estar presente de manera simbólica para cooperar o ayudar al grupo humano que representa sino para burlarse y atacar a la mayoría y a todo quien disiente. Es la voz de unos pocos y la voz de unos pocos extranjeros.
Cuando tuvo que salir de la palabra hablada, copió lo que escribieron otros. Se lo ve más cómodo gritando, cantando e insultando que debatiendo y argumentando.