La mili debería volver. A muchos chavales les hace falta ese baño de realidad.
Hasta los 17 años, si no has salido del redil de tu casa, te crees que la vida es de color de rosa y que hay unicornios por la calle.
Pero la vida no es así.
En mi época te daban un petate, te mandaban a San Clemente y lo primero que sentías al llegar es que no eras nadie.
Formabas parte de algo, sí, pero tú no eras especial.
Era un choque de realidad que ponía a la gente en su sitio.
Hoy miras alrededor y te das cuenta de que en 20 años hemos perdido el respeto por todo. Ves a chavales de 15 años sentados en el autobús mientras una mujer mayor va de pie a su lado.
Pasar por la mili te obligaba a asumir esa disciplina a la fuerza y te enseñaba lo básico:
• A entender que no eres el centro del universo.
• A respetar a los demás y a los mayores.
• A asumir normas y responsabilidades.
No digo que haga falta estar tres años sirviendo. Pero salir un poco de la burbuja le vendría de perlas a más de uno para aprender cómo funciona la vida.