Hoy hay un silencio muy curioso en ciertos perfiles como ya pasó con Ceuta.
Gente famosa y no tan famosa que lleva años dándote la turra con cada tragedia lacrimógena, con las residencias y el puñetero 7291, con la causa Maricarmenesca de la semana, o incluso con la parida de que no hay árboles en Sol.
Gente con un corazón tan grande que le cabe el mundo entero, pero que no ha encontrado un hueco para decir nada ante lo que ha pasado. Un mal llamado accidente que en realidad es una negligencia.
Se ve que esta tragedia no les viene bien.
Claro, con un AVE de Renfe, en una vía de Adif, nueve meses después de Adamuz y a un mes de las elecciones… No se la pueden endosar a la comunidad autónoma de turno gobernada por la oposición. No hay salida. Ese ministerio, además, donde hemos visto una corrupción dantesca y con personas ya condenadas.
Si llega a pasar con otro gobierno o con una empresa privada, ni cotiza que a estas horas ya tendríamos foto de perfil en negro, hilo de veinte tuits explicando que "esto no es un accidente, es el capitalismo extractivo" y concentración convocada para el sábado con cualquier lema ridículo.
Ojo, que ya lo están intentando a medias con la liberalización de las vías y el excesivo turismo. También haciendo piruetas para responsabilizar de todo a un pobre hombre filtrando audios burdamente a sus medios de confianza. Qué paradoja ser de izquierdas y querer cargar todo el peso en un trabajador.
Pero no cuela. Nadie se lo compra. Y por eso la mayoría calla.
Luego ayer vi muchas capturas de Bluesky, de zumbados que celebran la muerte de Fátima Báñez o te explican que esto es lo que pasaría si gobiernan los fachas, los que no quieren pagar impuestos. Esos no me dan miedo. Están locos y lo dejan patente.
Los que me dan miedo son los otros, los que hoy no hablan. Porque te los cruzas en el trabajo, en la vida, o los admiras en un concierto o en una película. Parecen normales, parecen buenísimas personas. Y no lo son.
Esa España es la España falsa, la España del aparentar, la España con la que hay que lidiar cada día hasta que les dé vergüenza abrir la boca y sacarte el dedito. Aunque sea agotador.
No existe la superioridad moral de la izquierda, a la que aludía tristemente Óscar Puente mientras morían sus ciudadanos en los trenes de su responsabilidad.
Acabemos con ese cuento.