Sturzenegger no tiene idea, y tampoco le interesa comprender, lo que representa el libro para la Argentina. Es cultura, pero también es una industria, miles de puestos de trabajo y un ecosistema integrado por editoriales independientes, librerías de barrio, autores, traductores, correctores, diseñadores, imprentas y distribuidores que distingue al país en el mundo. Buenos Aires tiene más librerías por habitante que cualquier otra ciudad del planeta.
La ley vigente no le cuesta un solo peso al Estado. No hay ahorro fiscal detrás de esta ofensiva. El objetivo es claro: beneficiar a unos pocos, concentrar el mercado y debilitar la diversidad editorial que caracteriza a la Argentina, empujándonos hacia un modelo donde terminemos comprando libros en supermercados o grandes cadenas, en perjuicio de las librerías y editoriales independientes. Todos los actores de la cadena defienden la ley, desde la editorial más pequeña hasta la cadena de librerías más grande.
Mientras destruyen la energía nuclear, la ciencia y la tecnología, desmantelan organismos estratégicos como el INTI y el INTA, y debilitan capacidades fundamentales para el desarrollo del país, ahora vuelven a la carga para destruir y avanzar sobre uno de los rasgos más valiosos de nuestra identidad cultural.
¿Te imaginás un país sin librerías de barrio?
El Gobierno envió al Senado un proyecto para derogar la Ley del Libro y la Ley de Defensa de la Actividad Librera.
Estas leyes regulan y protegen todo el ecosistema cultural, y NO le generan gastos al Estado. Su eliminación no es un ahorro, es un ataque directo a nuestra identidad y termina generando un monopolio y desastre cultural, como ya ocurrió en otros países.
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