Hay un momento en que la legítima preocupación por la defensa nacional deja de ser prudencia y empieza a separarse de la realidad. Que el vicepresidente del Senado chileno hable de Argentina como de un vecino que puede «despertar con intereses expansionistas» merece algo más que una frase lanzada al pasar. Una afirmación semejante debería apoyarse en hechos concretos, no en la acumulación de declaraciones torpes, decretos mal redactados y polémicas de redes sociales.
Porque los hechos recientes dicen prácticamente lo contrario. El 3 de septiembre los presidentes Kast y Milei declararon oficialmente que la relación bilateral se encuentra en un «excelente estado», calificaron el vínculo argentino-chileno como prioritario, reafirmaron el caracter definitivo de los tratados de 1881 y 1984 y reconocieron expresamente la soberanía chilena sobre la totalidad del Estrecho de Magallanes. En el mismo comunicado destacaron la cooperación antártica entre ambos paises.
Mientras algunos imaginan expansionismos, las Armadas argentina y chilena realizan conjuntamente el ejercicio Viekaren en el Beagle para aumentar su interoperabilidad; las Fuerzas Aereas acaban de ejercitarse juntas en Salitre 2026, precisamente como medida de confianza y cooperación regional.
Por eso me parece mucho más sensata la observación del exembajador y excanciller chileno José Antonio Viera-Gallo: la soberanía chilena sobre el Estrecho nunca estuvo realmente en cuestión, Argentina desautorizó las declaraciones desafortunadas y convertir todo esto en una escalada es, en sus propias palabras, una discusión casi de «barra brava». Añadió algo todavía más importante: para la política exterior argentina, el problema estratégico no es Chile, sino Malvinas.
Un vicepresidente del Senado puede, naturalmente, defender un mayor presupuesto militar. Hay argumentos perfectamente serios para hacerlo: renovación de material, vigilancia marítima, Antártida, protección del Pacífico y nuevas amenazas regionales. Lo que resulta difícil de sostener con los hechos disponibles es que para justificarlo haya que inventar un vecino argentino de pulsiones expansionistas.
Tengo a veces la impresión de que ciertos dirigentes chilenos leen demasiado la red X y demasiado poco los comunicados conjuntos de sus propios gobiernos. Se toman una frase improvisada de un militar argentino, una expresión desafortunada de un documento o cualquier compra de material y se construye inmediatamente una amenaza estratégica. Después la amenaza imaginada sirve para explicar la siguiente declaración alarmista, y así el círculo se alimenta solo.
Chile debe tener Fuerzas Armadas fuertes porque es un país soberano con enormes espacios marítimos que proteger. Argentina debe reconstruir las suyas por exactamente la misma razón. No hace falta que ninguno invente al otro como enemigo para justificarlo.
Tras cuarenta años de paz, cooperación militar y una integración que se profundiza, quizá la responsabilidad de quienes ocupan cargos tan altos consista precisamente en distinguir entre una amenaza real y un fantasma nacido de nuestras viejas querellas y amplificado por las redes sociales donde pululan los guerreros de teclado y de raton.
🇦🇶🇨🇱 | Vicepresidente del Senado de Chile pide reivindicar la soberanía con hechos concretos y reforzar la disuasión militar
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