Falta sinceridad con la vivienda. Hay algo que les resta por decir a quienes se manifiestan. No se trata de los casos más graves, como el de Maricarmen y el de otras personas desahuciadas en clara situación de necesidad. Hay un nosotros ausente.
Muchos de ellos pertenecen a un estrato social (son jóvenes universitarios) que nunca pensó que esto les fuese a tocar a ellos. La vivienda pone sobre la mesa que las clases medias se han vuelto pobres, tanto que ni siquiera pueden afrontar el coste, no ya de comprar una vivienda, sino de alquilar una que cumpla unos requisitos mínimos. Tienen dificultades para pagar una habitación en una gran ciudad.
Hay algo consolador al poner el acento en la vivienda, como si fuera la única causa. Parece que si ese problema se arreglase, la vida de clase media o media baja se recuperaría. Es como si no hubiera un problema general, sino uno particular.
No es así. Se trata de un todo. Las clases medias se han vuelto pobres, pero no quieren enunciar en voz alta cuál es su situación real. Es parte de un giro de época que se hará más profundo los próximos años. Las opciones políticas tienen que estar a la altura de los tiempos y eso no se consigue solo con políticas públicas aplicadas sobre un terreno parcial.