Pueden lloverle todas las críticas que queráis a Maggie Gyllenhaal, pero para mí hizo la mejor Presidencia de The Venice Biennale Cinema en mucho tiempo premiando, merecidamente, a ‘Woman Unknow’ por partida doble —Copa Volpi y León de Oro—. No puedo por más que aplaudir su valentía. Y no, lo siento, pero no, no es solo una cuestión política, que también, y es justo que así lo sea. Por supuesto que es una llamada de atención a una edición terriblemente injusta por la articulación de una voz unidireccional, pero no solo eso. May el-Toukhy, que hasta ahora tampoco es que fuese santa de mi devoción, hizo un trabajo impecable tanto en la forma como en el fondo. ‘Woman Unknow’ es una película rotunda en la que la maquinaria fílmica, que comprende que el entramado artístico explica una idea y apoya a los personajes que la ejecutan, no cesa hasta lograr el objetivo que SIEMPRE —por desgracia no es así— debería sostener el CINE que se precia como bien cultural —a algunxs se les llena la boca defendiendo que el cine es cultura, pero no pocas veces es nefasto para el buen funcionamiento del ente social—.
No nos olvidemos que el cine, cuando es cultura, logra que todas las herramientas a su alcance nos hagan reflexionar sobre la historia, en su caso, que tiene ecos en la actualidad. O bien, sobre un presente no acomodaticio con la llamada al orden, que busca reflexionar sobre los conflictos inherentes a las dinámicas que nos sacuden en el día a día. En fin, todo esto para decir que estoy con Maggie Gyllenhaal, que aplaudo su criterio para con una película que entiende realmente lo que es el CINE. En mi cuarto Festival de Venecia consecutivo que hago es la primera vez que tengo la sensación de que no estoy sola, que hay personas, de corazón y razón, que entienden que ceder al establishment significaría hacer desaparecer lo que es justo y nos hace reflexionar en un momento en el que, con las IA, cada vez va a existir menos espacio para el pensamiento crítico. Y seamos honestos, en esta edición no solo hemos visto películas excelentes. Como siempre, en Competencia no han faltado las películas mediocres, las malas y las que se sabe que están por cortesía a una trayectoria. Así que tengo que discrepar con Barbera defendiendo por "razones de calidad" una programación tan masculinista —en todos los sentidos—.
Siempre he apoyado a Venecia por delante de otros festivales de su categoría, pero este ha sido el año en el que acudí más desganada, y es la razón por la que yo también decidí no alzar la voz, hasta ahora, porque es lo menos que podía hacer por las que no están, las voces que son necesarias, las miradas que son necesarias para que empecemos a mirarnos y tratarnos con el respeto y la dignidad que merecemos.
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