La cultura del futbol ya existe en RD, la que falta es la del orden, la organización y la prevención ante situaciones completamente previsibles.
Ayer Haití nos ganó dos veces. Una en la cancha, 4-1. La otra fue afuera, y esa derrota debería preocuparnos mucho más.
Que miles de haitianos acudieran al Olímpico era absolutamente previsible. Haití respira fútbol, mientras nosotros apenas comenzamos a construir esa cultura. Con la enorme presencia de nacionales haitianos en territorio dominicano, nadie podía sorprenderse de que intentaran llenar las gradas.
Lo inadmisible fue que también se impusiera el desorden.
Accesos desbordados, una puerta derribada, entradas a la fuerza, aglomeraciones y reportes de heridos. Frente a eso quedó expuesta nuestra incapacidad para anticipar, organizar y hacer respetar el orden.
Y esa imagen trasciende un partido de fútbol. Es una radiografía incómoda de un problema mucho mayor. Un país que no hace cumplir sus reglas termina descubriendo que las reglas simplemente dejan de existir.
Aquí puede venir cualquier extranjero de forma legítima. Puede visitar, celebrar, gritar un gol y llenar un estadio. Pero tiene que respetar nuestras leyes y nuestras normas de convivencia. Quien no pueda hacerlo, sin importar su nacionalidad, no puede pretender permanecer aquí.
Ayer el problema no fue ver el Olímpico lleno de haitianos. El problema fue ver cómo el caos se imponía mientras las autoridades quedaban desbordadas.