@AleCiroAlvarez En primer lugar, a menos que usted sea Ludovica Squirru, no está adentro de mi cabeza para saber qué pienso o qué me pesa más. Pero, le doy la derecha: es un buen truco para embarrar un debate serio y amalgamar el núcleo duro de los fanáticos: no le suma más que eso, se lo puedo asegurar. La Argentina no es X.
El truco es viejo y conocido, lo usaba mucho el kirchnerismo conmigo y otros colegas: consiste en hacer una violación de cerebro a los críticos (y los buenos periodistas lo somos), poniéndole ideas (horribles) que jamás tuvieron o pensaron. Igual, buen alimento para la gilada que lo aplaude.
Pero vayamos al punto: lo que pienso es que el acto de ayer fue violencia pura y no tuvo nada que ver con la defensa de la UBA, ni con la educación pública, reclamos que la mayoría de los argentinos de bien (ya que le gusta la palabra), valoramos.
Además, fue un acto en contra del gobierno.
Dicho esto, voy a la cuestión de fondo, saliendo del barro que usted propone.
En los años ochenta, Raúl Alfonsín envió una ley de democratización sindical al Parlamento. El senado peronista se la frenó.
El Congreso, con una oposición peronista destructiva, le bajó decenas de buenos proyectos. Pero, ¿sabe qué hizo Alfonsín? Lo respetó.
Y aunque era injusto, no insistió más, como hacen los demócratas. No intentó pasar por encima de otro poder, tan legítimo como el Ejecutivo, ni tampoco violentar a la Justicia.
Comprendía que eran las cartas con las que le tocaba jugar en su época porque tenía muy en claro lo que era el Estado de Derecho. Y si ahora hay que cargarse a los demás poderes para gobernar este país, como hacía el kirchnerisimo (insisto), así llegamos a un país con un 50 por ciento de pobres en más de 40 años de democracia.
¿Sabe por qué, Alvarez? Porque al final del día, lo que cuenta y lo que pone a los países de pie es el cuidado de la calidad institucional, algo que su gobierno desconoce.
Que tenga un hermoso viernes.
Aunque la periodista aplique una doble vara para hablar de supuestos "vericuetos" —recursos judiciales legítimos para cualquier otro actor—, omite con malicia un dato central: el gobierno de
@JMilei actúa conforme a derecho, y los tres poderes de la República cuentan con mecanismos de control y equilibrio.
Ciertas corporaciones ejercen violencia en las inmediaciones del Congreso y, al mismo tiempo, incumplen el requisito mínimo de explicar en qué gastan el dinero que todos los argentinos aportan con sus impuestos: las rendiciones de cuentas. Frente a ese cuadro, a Di Marco le escandalizan menos los piedrazos y los asaltos a edificios públicos que una medida legítima como la apelación de un fallo de primera instancia.
Para Di Marco, las piedras pesan menos que un escrito presentado ante la Justicia.