Que aun viendo esta gráfica alguien pueda pensar que el cambio climático no ha influido en los incendios que estamos viendo es un disparate.
Sí, la gestión forestal es importante, pero...
Esto es la temperatura a 850 hPa (unos 1500 m.) en la Península Ibérica durante 2026 frente a la climatología, fiel indicador de las masas de aire.
El rojo marca los días por encima del percentil 90; el granate, los que directamente rompen registros. No es un pico puntual: es un verano entero anclado en la cola cálida de la distribución.
Ahora, seamos precisos, porque es justo donde el mensaje negacionista mete la cuña:
El clima no enciende los incendios. Los enciende una chispa, una negligencia o un incendiario. Casi siempre.
Lo que el clima decide es qué ocurre después de esa chispa.
Semanas de calor extremo = combustible seco a niveles exagerados.
Humedad por los suelos y noches que ya no refrescan = el fuego no descansa. Ventanas de extinción más cortas y comportamiento del fuego más violento
Es la diferencia entre un conato que se apaga en dos horas y un incendio que los medios terrestres no pueden parar.
Y no, gestión forestal y cambio climático no son explicaciones rivales: se multiplican. Un monte mal gestionado con el clima de 1980 arde. Ese mismo monte con el clima de esta gráfica arde de otra manera.
Negar la parte climática no protege el monte. Solo garantiza que sigamos preparándonos para un verano que ya no existe.