En la Comunidad de Madrid hay hoy 1,11 viviendas por hogar. En 1995 había 1,27. En el mismo periodo, el metro cuadrado, en euros de 2026 (es decir, ya ajustado por la inflación), ha pasado de 2.273 a 4.069.
Me centro en la Comunidad de Madrid y no en toda España porque, efectivamente, en España hay mucha vivienda, pero en zonas donde, por un motivo u otro, la gente no vive. Tener cien casas vacías en el concejo de Taramundi no tiene ningún efecto sobre el precio de la vivienda en el barrio de La Paz de Madrid.
El número de viviendas por hogar suele ser superior a uno porque tenemos viviendas vacías, viviendas destinadas al uso turístico, familias con dos viviendas y viviendas destinadas a negocios (aunque no clasificadas como oficinas), entre otros motivos.
El número de viviendas por hogar arranca en 1,27 en 1995 y sube ligeramente a 1,31 en 2002. Desde entonces ha bajado, casi sin pausa, hasta alcanzar el mínimo actual de 1,11.
Dos motivos explican esta caída. El primero, más obvio, es el gran aumento de la población residente en la Comunidad de Madrid, de 5,1 millones en 1995 a 7,2 en 2026, sobre todo por la inmigración, que no ha venido acompañada de un incremento suficiente de la oferta de vivienda.
El segundo, del que mucha gente se olvida, es el cambio en la estructura familiar. La familia que en 1995 tenía dos padres y dos hijos y ocupaba una vivienda ha sido sustituida por la madre viuda, que sigue viviendo en el mismo piso familiar, y los dos hijos, cada uno en su propio piso: uno soltero, sin hijos, y el otro divorciado, con un hijo que vive con él. De cuatro personas ocupando un piso a cuatro personas ocupando tres pisos.
No es este un ejemplo extraño. En Madrid, el tamaño medio del hogar ha pasado de 3,1 personas en 1995 a 2,6 en 2026. Uno puede argumentar que parte de esta reducción se debe al aumento del precio de la vivienda (por ejemplo, debido a una menor natalidad), pero la experiencia en otras partes de España muestra que la evolución del tamaño medio de los hogares ha seguido un patrón similar. En Castilla y León, donde el metro cuadrado cuesta hoy, en términos reales, lo mismo que en 1995, el hogar medio tiene 2,2 personas. Simplemente, somos una sociedad distinta, de mayor edad y con familias más pequeñas. Aunque la Comunidad de Madrid tuviese hoy exactamente el mismo número de habitantes que en 1995, necesitaríamos aproximadamente un 20% más de viviendas.
El precio del metro cuadrado, en términos reales, ha seguido el camino opuesto: de 2.273 euros en 1995 a 4.069 euros en 2026. Ha aumentado la demanda de vivienda y, con ella, el precio del metro cuadrado. No tiene mucho secreto.
Vemos, sin embargo, en el medio de la serie, el efecto de la burbuja de 2001 a 2007, cuando el metro cuadrado alcanzó, en términos reales, valores incluso más altos que los de hoy: 4.453 euros a comienzos de 2007. Y eso con 1,24 viviendas por hogar, no las 1,11 actuales. ¿No prueba esta burbuja que el precio de la vivienda no depende de su escasez?
No. Los que argumentan de tal manera olvidan que la demanda de vivienda no depende solo del número de hogares.
De 2001 a 2007, cada hogar demandaba más vivienda porque los tipos de interés reales se habían hundido. Y la subida de precios que esto provocó generó, a su vez, expectativas de nuevas subidas insostenibles.
La burbuja no carecía, en su comienzo, de cierta razón: la población subía, el tamaño de los hogares caía y, con tipos de interés reales más bajos, el precio de la vivienda tenía que ser más alto (piense en el precio de la vivienda como el valor descontado de los servicios habitacionales que esta suministrará: tipos más bajos hacen que esos servicios futuros se descuenten menos). Estos motivos eran suficientes para que el precio del metro cuadrado alcanzara, en ausencia de suficiente construcción, unos 3.000 euros. Los últimos 1.500 euros de subida fueron pura especulación.
Incluso en plena burbuja, las viviendas por hogar cayeron, de 1,31 en 2002 a 1,22 en 2008. En esos seis años, la Comunidad de Madrid sumó unos 400.000 hogares y solo unas 310.000 viviendas. No hubo burbuja porque se construyera mucho; hubo burbuja porque el crédito barato disparó la demanda más deprisa de lo que se podía construir, incluso al ritmo alocado al que íbamos.
Luego, la crisis financiera hizo que el precio del metro cuadrado cayera por debajo de donde debía estar: los 2.569 euros de 2012 eran tan espejismo como los 4.453 de 2007.
Pero si uno elimina el componente especulativo de 2001 a 2007 y la crisis financiera, se encuentra con una sólida tendencia positiva en el precio de la vivienda en la Comunidad de Madrid, que es el espejo de la caída de las viviendas por hogar.
Al final, nos enfrentamos a una restricción de metros cuadrados. Aunque se socializara toda la vivienda, como en la Unión Soviética, el Gosplan madrileño se enfrentaría al reto de que tenía 1,31 viviendas por hogar en 2002, pero ahora solo 1,11 y, como explicaba antes, incluso en el mejor de los casos, uno siempre necesita más viviendas que hogares por decenas de motivos. Y esta restricción no se soluciona con ninguna medida legislativa que solo ataque los precios, como los dos decretos fallidos de la semana pasada.
España se enfrenta a una decisión fundamental. Podemos dedicarnos a pelearnos por quién ocupará las viviendas existentes en la Comunidad de Madrid, o podemos apostar por la abundancia de viviendas.