Riaño no quiso entregar la plaza. Su orgullo lo cegó y se atrincheró en la Alhóndiga, incluso contra la opinión del Cabildo de la ciudad y el enojo de algunos habitantes que se sintieron traicionados por esa decisión.
Su estrategia fue resistir en el edificio, hasta que Calleja llegara en su auxilio.
“Voy a pelear, porque voy a ser atacado en este instante; resistiré cuanto pueda porque soy honrado. Vuele V.S. a mi socorro… a mi socorro. Guanajuato, 28 de septiembre, a las 11 de la mañana.
Juan Antonio de Riaño y Bárcena.