Es tan rotundo el fracaso histórico del «estallido social» que hoy hasta sus instigadores buscan desmarcarse.
Quienes rendían homenaje al lumpen, los que aplaudían la quema de nuestras plazas, calles e Iglesias, los que justificaron saqueos y destrucción de la infraestructura nacional, los que hablaban con la e, rebautizaban todo, prometían refundar el país, acusaban que en Chile vivíamos en una mezcla de la Alemania nazi con Somalía y promovieron la caída del Gobierno constitucional, hoy alegan que no tuvieron «nada que ver», que nunca se enfrentaron ni vieron a alguien enfrentarse a Carabineros (...), que nunca lo apoyaron...
Sienten vergüenza.
Deben sentirla.
No solo por haber organizado, instigado y/o apoyado a un hecho nefasto que causó más pérdidas a nuestra economía que el megaterremoto 8.8 de 2010, que rompió la otrora ejemplar convivencia nacional, frenó el desarrollo de Chile y casi se lleva puesto años del esfuerzo de millones y millones de chilenos, sino también por habernos «cancelado», funado, insultado, violentado a todos quienes estuvimos desde el minuto cero en contra de su locura.
Pueden arrepentirse y pedir perdón, sí: Chile debe perdonar para avanzar, pero no hacerse los bobos, no intentar hacernos creer que «nunca estuvieron con eso, que nada que ver», buscando el olvido, porque si esa es su voluntad, entonces no habrá para ellos ni perdón ni olvido.
Le recordaremos todos los días que quisieron destruir nuestro país.