Así desinforman diarios como El País, propiedad de bancos, élites y un fondo de inversión (que, además, tiene acciones en la industria militar).
Si miras el gráfico, ¿qué ves? Que la mayoría de las viviendas, 22,6 millones son viviendas de personas físicas. Luego hay 1 millón que son de empresas. Y 553.000 públicas y de otros.
El problema es que el gráfico es tan desafortunado que ofrece demasiadas lecturas y casi ninguna es correcta.
Por ejemplo, puede dar la impresión de que el problema de la vivienda se explica por el peso de la propiedad en manos de particulares. Pero esos 22,6 millones de viviendas pertenecen tanto a personas que figuran con una sola como a otras que tienen varias.
Aunque conocemos el peso del grupo con una vivienda y del que tiene entre dos y cinco (12,59 millones de personas figuran con una vivienda y 3,88 millones con entre dos y cinco), los datos no distinguen cuántas personas tienen exactamente dos, tres, cuatro o cinco.
Pero incluso con estos datos, seguiríamos sin saber qué uso hacen de estas viviendas.
Por ejemplo, por ser extremos: en el grupo de personas de 2 a 5 viviendas, unos 3,3 millones de personas podrían tener solo dos y medio millón tener cinco. Ese reparto sería compatible con los poco más de 9 millones de viviendas que suma el grupo.
Pero, como digo, ni siquiera conociendo el dato de personas con 2, 3, 4 y 5 viviendas sabríamos cuántas están alquiladas: tener varias viviendas no significa necesariamente destinarlas al alquiler.
Pensemos en los que tienen 2 o 3 viviendas y hacen uso de ellas, ¿tienen necesariamente relación alguna con el mercado del alquiler? Por ejemplo, el que tiene una casa en el pueblo y un apartamento en la playa, además de la vivienda principal, tiene 3 viviendas, ¿qué tiene que ver con el mercado del alquiler?
Es un gráfico que genera confusión, oculta demasiados matices y, por tanto, desinforma porque da la sensación, para cualquier persona desconocedora o malintencionada, que el problema de la vivienda se encuentra en los propietarios particulares.
Y, por desgracia, hay un claro conflicto de intereses con los accionistas de El País. Es decir, les va bien que parezca precisamente eso.
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📚En mi último libro, hablo sobre la corrupción, la farsa y lo que he vivido estos últimos años: ‘España, cara B. Farsa, corrupción y fraude’
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