Jamie Paul, el autor de este artículo “A Puritan’s History of the United States”, sostiene que gran parte de las guerras culturales estadounidenses -tanto de derecha como de izquierda- descienden del puritanismo.
El autor argumenta que el puritanismo no fue solo una doctrina religiosa del siglo XVII, sino “la forma más temprana de radicalismo político”. Los puritanos combinaron disciplina colectiva, vigilancia constante de los vecinos (el “call-out culture” original), rechazo de la curiosidad intelectual, ética del trabajo protestante y la misión de construir una “sociedad santa” o “ciudad sobre la colina”. Esa mentalidad -intolerancia, caza de herejes, obsesión por la pureza sexual y moral, y el miedo a que alguien, en algún lugar, esté siendo feliz (cita de H.L. Mencken)- se incrustó en el ADN cultural de Estados Unidos.
Paul traza una línea continua desde los juicios de Salem, las leyes contra el adulterio (letras escarlata), las cruzadas antivicio del siglo XIX, el Comstock Act, la eugenesia progresista, el McCarthyismo y el Lavender Scare, el pánico satánico de los 80, hasta las pánicos morales actuales (groomers, contagio social LGBT, dinámicas de poder, toxic masculinity, etc.).
Tanto la derecha religiosa/MAGA como la izquierda identitaria y woke participan de esta misma compulsión purificadora, a menudo más preocupada por controlar el sexo y el pensamiento ajeno que por vivirlo. El artículo cierra afirmando que el puritanismo es el “ADN cultural” de Estados Unidos: cuando un movimiento entra en la corriente principal, tiende a volverse puritano.
Con respecto al wokismo (o “Great Awokening”) en concreto, Paul lo presenta como la versión secularizada y contemporánea de este linaje puritano, especialmente visible en la izquierda identitaria y en el activismo LGBT más reciente. Algunos puntos:
La Cultura de la Cancelación y la Vigilancia: La cultura de la cancelación es la continuación directa de la “cultura de vigilancia constante” de las comunidades puritanas. Lo que antes era pecar contra Dios ahora es pecar contra la ideología (racismo, cisheteronormatividad, privilegio, etc.). El silencio se convierte en violencia; hay que demostrar activamente la virtud.
La Obsesión por la pureza y el sexo: El artículo empieza precisamente criticando que el movimiento LGBT actual se ha vuelto “asexuado”, ansioso y más preocupado por la identidad y el control social que por el erotismo o la libertad sexual que caracterizaban al activismo gay anterior. Tras el matrimonio igualitario, el movimiento viró hacia un activismo trans más extremo, con lenguaje que “borra a las mujeres” (“personas que paren”), medicalización de menores y tabúes sobre diferencias de edad o “dinámicas de poder”. El autor lo compara explícitamente con el giro de los abolicionistas hacia los movimientos de pureza después de la Guerra Civil y con el intento puritano de “derogar la fisiología”.
Pánicos morales simétricos: Tanto la derecha (“groomers”, leyes anti-drag) como la izquierda woke (contagio social, problematización de relaciones normales) reproducen la misma lógica de pánico moral y caza de brujas.
Universidades y activismo: Las universidades pasaron de defender la libertad de expresión a convertirse en “fábricas de gilipollas maoístas”. El activismo pasó de Woodstock a la cultura de la cancelación.
En resumen, para el autor el wokismo no es una ruptura con la tradición estadounidense, sino su última mutación: un calvinismo sin Dios, donde el pecado original es el privilegio, la redención se logra mediante la confesión pública y la herejía se castiga con la exclusión social. Tanto MAGA como el wokismo serían, según esta lectura, nietos del mismo impulso puritano de convertir Estados Unidos en una comunidad moralmente inmaculada.
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